Estudiantes del Centro Universitario Texcoco de la Universidad Autónoma del Estado de México sostienen que el paro académico responde a un rezago acumulado durante años en infraestructura, mantenimiento, servicios y condiciones académicas que, afirman, no han sido resueltos de manera integral.
Infraestructura deportiva en abandono
Al fondo del plantel, en la zona más alejada de los edificios principales, se encuentra la antigua cancha de futbol americano, actualmente inhabilitada. El espacio permanece cubierto de cascajo que, según explicaron los estudiantes, fue depositado tras trabajos de repavimentación en el acceso y nunca retirado, lo que dejó el área sin posibilidad de uso deportivo.





En la misma zona, la cancha de básquetbol que también funciona para voleibol se encuentra rodeada de matorrales y césped crecido. Durante la temporada de sequía, señalaron, la acumulación de vegetación seca podría representar riesgo de incendio.
La pista de atletismo muestra abandono visible y varias luminarias no funcionan. A ello se suma la condición de las bardas perimetrales, que califican como accesibles, situación que, aseguran, ha facilitado robos de material y equipamiento.
En casos específicos, como el equipo deportivo de futbol americano, los estudiantes indicaron que, tras un pliego petitorio presentado el año pasado, se les entregaron uniformes y equipamiento.
Sin embargo, aseguraron que parte del material llegó en malas condiciones. Algunos cascos, señalaron, ya habían cumplido su tiempo de vida útil y resultaban inservibles, además de que varias piezas mostraban desgaste evidente. Uno de los jugadores afirmó que, al recibir el equipo, el olor evidenciaba que se trataba de material previamente utilizado.
Mantenimiento y limpieza insuficientes
Conforme se avanza hacia los edificios académicos, los estudiantes señalan acumulación de basura y falta de personal de limpieza suficiente para atender a una matrícula que supera los 5 000 alumnos.
En algunos espacios deportivos, agregan, se almacenan materiales en desuso e incluso equipo nuevo que no ha sido utilizado durante el último año, convirtiendo estas áreas en bodegas improvisadas.


Al interior de los edificios, diversos salones presentan chapas dañadas, puertas que no cierran, vidrios rotos y ausencia de televisores que anteriormente formaban parte del equipamiento. De acuerdo con el comité estudiantil, estos aparatos fueron sustraídos ante la falta de vigilancia permanente.
También señalaron que algunos edificios no cuentan con baños propios y que los únicos sanitarios adaptados para personas con discapacidad se ubican en la biblioteca.
En otros módulos sanitarios hay tinacos instalados en el exterior que deben ser abastecidos manualmente, incluso por los propios alumnos, debido a la falta de personal de mantenimiento suficiente para atender estas labores.
Riesgos estructurales




En distintos salones donde actualmente se imparten clases, se observan grietas en muros, desprendimiento de plafones y deterioro visible en techos y paredes. Los estudiantes señalaron que algunas aulas han sido desalojadas previamente por las condiciones físicas de los inmuebles y que existen otros espacios que podrían dejar de utilizarse más adelante si no se intervienen.




En la biblioteca, describen una inclinación perceptible del suelo que, afirman, ha generado grietas en muros y techo, así como separación de paredes. Durante la temporada de lluvias se presentan filtraciones que obligan a cubrir parte del acervo con bolsas de plástico para evitar daños por goteras.



La preocupación por la seguridad estructural también alcanza la planta de luz que abastece de energía al plantel, cuyo inmueble presenta grietas marcadas que, según los estudiantes, podrían agravarse en caso de un sismo.




De manera adicional, el comité estudiantil aseguró que existe un dictamen de Protección Civil que advertiría sobre condiciones estructurales en diversas instalaciones del plantel y que señalaría espacios que no deberían utilizarse. Sin embargo, sostienen que dicho documento no les ha sido proporcionado por las autoridades universitarias, pese a haberlo solicitado.
Problemáticas académicas
En el ámbito académico, alumnos de la licenciatura en Lenguas Modernas señalaron que no cuentan con un espacio fijo para desarrollar sus actividades. Otras carreras, afirmaron, han sido desalojadas de aulas debido al deterioro de los edificios.
A estas condiciones se suman inconformidades relacionadas con presuntos casos de acoso, métodos de evaluación centrados únicamente en exámenes y advertencias de algunos docentes sobre posibles reprobaciones o envío a extraordinario tras la suspensión de actividades. También mencionaron que hay profesores que continúan asignando tareas y trabajos pese al paro.
Seguridad y entorno exterior
La problemática, indicaron, no se limita al interior del plantel. En la periferia, han reportado asaltos. Además, consideran que el personal de seguridad es insuficiente y carece de equipamiento adecuado. Ante ello, los propios estudiantes se organizan por turnos para permanecer en las instalaciones, tanto durante el paro como en semanas regulares, realizando rondines en áreas que consideran desatendidas.
En materia de transporte, señalaron que el servicio interno conocido como “Potro” presenta fallas recurrentes y que algunos taxis cobran cuotas adicionales para ingresar al campus.
Proyectos inconclusos
Entre los espacios señalados se encuentra la incubadora de negocios, anunciada en su momento pero no inaugurada formalmente y que presenta humedad y filtraciones antes de haber sido utilizada.
Para el comité estudiantil, el paro busca visibilizar un conjunto de carencias que abarcan infraestructura, mantenimiento, servicios básicos como agua y seguridad, así como condiciones académicas. Aseguran que, aunque ha habido acciones parciales por parte de autoridades universitarias, estas no han resuelto de manera integral las problemáticas señaladas, por lo que la suspensión de actividades continuará hasta obtener respuestas formales y soluciones verificables.

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