Hace unas semanas, Patria Jiménez, vocera del Frente Orgullo Nacional (FON), asociación en pro de la diversidad sexual, afirmó que su colectivo entrará en la búsqueda de formar un partido político, exclusivo para la defensa de los derechos de la comunidad LGBTI.
En una rápida lección de política, al integrarse un partido se obtienen beneficios que van desde la postulación de candidatos para puestos de elección popular hasta la obtención de grandes cantidades de recursos económicos, a fin de “promocionar la imagen del mismo”. En caso de obtener un registro definitivo, las y los miembros podrán representar a la ciudadanía y tomar decisiones legislativas dentro el Congreso de la Unión.
Tener una voz dentro de la población de lesbianas, gays, bisexuales o trans en las decisiones políticas podría representar un escenario favorable, luego de observar a diputados que rechazan iniciativas a favor de los derechos humanos y se unen al terrorismo conservador que pulula en la sociedad, a través de grupos radicales como el Frente Nacional por la Familia y las altas esferas de la Iglesia católica.
El movimiento LGBTI, desde sus inicios se ha visto involucrada en manifestaciones encarnadas bajo el propósito: “No hay libertad política sino no existe libertad sexual”. En estos momentos, observamos cómo el empoderamiento de esas luchas, permite que el FON busque involucrarse dentro del sistema burocrático y opresor que tanto ha lacerado a los miembros de la diversidad sexual.
El Frente Orgullo Nacional ha destacado por publicar la lista de sacerdotes homosexuales, llamada “El Péndulo”, así como de manifestarse cara a cara con integrantes de las marchas a favor de la familia. Han inquirido en una línea básica de ojo por ojo y diente por diente, ajusticiándose por su propia cuenta, bajo el arma letal de la difamación y la humillación social de todo aquel que no va de acuerdo a los principios liberales.
¿Qué nos permite un partido abiertamente LGBTI? Absolutamente nada ¿Podrá cambiar el panorama, las injusticias y demandadas de esta población, la omisión legislativa en las 32 entidades federativas del país o representará a toda la comunidad de la diversidad sexual? Es claro que no.
Bajo los principios democráticos, no se puede restringir nada, pero hay que denunciar que si la solución para todos los problemas sociales fuera la creación de organizaciones políticas, habría uno por cada ciudadano que vive en este país.
No prejuzgaremos por lucrar bajo la bandera del activismo o el reconocimiento a la igualdad política y no señalaremos el actuar bajo una careta de víctimas oprimidas por el propio aparato de justicia que es México, sin embargo, es su responsabilidad demostrar que no se convertirán en otro partido del montón, que reciben “moches” y tienen hasta el hartazgo a todo miembro de la ciudadanía.
Su obligación es trabajar como el ser político del que hablaba Aristóteles y no como artista farandulero que busque portadas de revista, micrófonos y primeras planas. La ciudadanía los medirá con la misma vara que al PRI, PAN o al PRD. Pertenecer a un grupo vulnerable no es excusa para perdonarlos de actos corruptos, opacidad, delincuencia organizada, impunidad, protección, recibimiento de dádivas, compadrazgos o amiguismos.
Como los propios activistas y citando a Cristian Galarza, integrante del FON, deberán ensuciarse las manos para defender la causa y no “luchar desde una bella zona de confort, lejos de los verdaderos madrazos, comiendo galletitas, tomando vino tinto y saludando a embajadores”.
Gracias por su preferencia. Ahora esperamos sus comentarios en nuestra cuenta de Twitter @FDCRadio ¡Nos leemos hasta la próxima!


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