Pata de Vaca: son jarocho y cocina comunitaria ante la pandemia

Es un movimiento comunitario donde la solidaridad y la cooperación buscan coadyuvar con su entorno: “compartir es muy necesario”
febrero 28, 2021

Texto y fotografías: Abraham Bosque

Jáltipan de Morelos, Veracruz, 22 de feb. de 21.

La pandemia hizo que un gran número de actividades pararan o desaparecieran en el terreno de la cultura y las artes. Para la agrupación musical y colectivo Pata de Vaca no fue así, ante una emergencia de salud pública como la que atraviesa nuestro país apostaron por que la música sea la que sane, una y sostenga a la sociedad.

Apostaron por que la música sea la que sane, una y sostenga a la sociedad

La pandemia de covid-19 y la emergencia climática han revelado la fragilidad de las sociedades y el planeta, han generado una crisis dual que afecta desproporcionadamente a los países y a las poblaciones más vulnerables del mundo, además,  han agudizado muchas fracturas sociales y económicas. 

Antes de la pandemia, para un sector de la población en México era complicado acceder a recursos alimentarios básicos, con el confinamiento y el deterioro de la sociedad resultó más difícil, por ello el colectivo Pata de Vaca decidió continuar con su proyecto de cocina y alimentación comunitaria, a pesar del riesgo e implicaciones que estas actividades conllevan por el contacto con decenas de personas con movilidad en distintos puntos del municipio de Jáltipan Veracruz, de donde es originaria esta agrupación de son jarocho.

La pandemia no los detuvo

Esta labor, describe Luis Aldo Román, fundador del colectivo, es un compromiso que tiene la música tradicional con las comunidades: hacer palpable lo que se canta y poner en práctica los códigos de ética que giran en torno al son jarocho. Menciona que parte de su identidad es ayudar a la ciudadanía, que Pata de Vaca no sólo es música, es un movimiento comunitario donde la solidaridad y la cooperación buscan coadyuvar con su entorno: “compartir es muy necesario”, menciona el músico, compositor y fundador del colectivo.

Pata de Vaca no sólo es música, es un movimiento solidario

Este colectivo veracruzano alberga un taller de laudería, un pequeño huerto, un estudio donde transmiten a grupos locales, un criadero de truchas y su cocina comunitaria, donde se ofrece servicio de alimentación tres días a la semana. Durante estos días, decenas de familias de distintos barrios de Jáltipan asisten por las tardes para ser beneficiadas por la labor de Pata de Vaca; parte del colectivo también sale durante esta jornada para hacer entregas de alimentos a distintos puntos del municipio. 

Decenas de familias de distintos barrios de Jáltipan asisten por las tardes

La cocina comunitaria de Pata de Vaca funciona como una red de cooperación mutua, locatarios del mercado de Jáltipan y del DIF de este municipio se suman al esfuerzo apoyando con insumos para la preparación de los alimentos, mientras ellos asumen la responsabilidad de recolección, preparación y distribución. 

Funciona como una red de cooperación mutua

La música de Pata de Vaca tiene un sello y una personalidad propias, una voz auténtica que nace de los fandangos y los viejos jaraneros, el grupo ha aportado al son jarocho piezas como “Las hojas”, “La tierra” y “Flor de la Laguna”, productos artísticos donde Luis Aldo Román muestra sus inquietudes políticas, su percepción del amor y la naturaleza, así como su preocupación por temas de cultura tradicional y ecología.

Actualmente Pata de Vaca esta fuera de los escenarios y de los fandangos (de donde surge y fortalece su música), pero aprovechan este tiempo de confinamiento para crear nuevas piezas musicales, arropar nuevos integrantes y trabajar en su próximo material discográfico, el cual estará compuesto de piezas propias en su totalidad.

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