Escucha el Se dice que aquí:
Sumario
- El pasado volvió sin peso;
- La oposición sigue sin forma;
- Poder, capital y fútbol;
- Alcaldes desiguales;
- Una Fiscalía rebasada.
Entelequia Peña Nieto
Enrique Peña Nieto volvió a Metepec, no como figura política, sino como residuo simbólico. La imagen lo dice todo: pisa la tierra que lo encumbró, pero ya sin poder, sin relato y sin audiencia. No regresa a disputar nada; regresa a confirmar que la historia avanzó sin él. Terminó su carrera enriquecido, sí; impune, también —al menos hasta ahora—; pero derrotado en el plano que más duele a los políticos: el prestigio. El sistema que lo fabricó ya no lo necesita ni lo defiende.

Metepec no lo recibe como líder; lo tolera como pasado. Peña no vuelve para influir; vuelve porque ahí vive su madre y porque el poder, cuando se acaba, encoge el territorio: de Los Pinos a una postal discreta, del centro del sistema al margen de la conversación pública. No es justicia; es algo peor: irrelevancia histórica en tiempo real.
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Dos partidos en retirada
En el Estado de México, el Partido Revolucionario Institucional y el Partido Acción Nacional concentran los niveles más altos de rechazo social. La diferencia no es moral; es organizativa. El PRI está más golpeado en imagen, pero aún conserva algo que el PAN ya perdió: estructura territorial, cuadros y reflejos de supervivencia. El PAN, en cambio, se diluye sin identidad ni anclaje local. Son dos partidos en descenso: uno administra su agonía; el otro ni siquiera sabe cómo nombrarla. El vacío empieza a ser ocupado por Movimiento Ciudadano, que crece más por ausencia ajena que por fuerza propia, mientras el Partido Verde Ecologista de México busca incrustarse en la disputa, no para liderarla, sino para negociar desde la fragmentación. Hoy, Morena no tiene rival externo serio en el Edomex; su único riesgo real no está enfrente, sino adentro.
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Delfina y Nemesio

La imagen de Valentín Díez Morodo, dueño del Toluca FC, opositor y detractor histórico del proyecto de la 4T, sentado junto a la gobernadora Delfina Gómez durante la final que coronó a los Diablos Rojos frente a Tigres UANL, tiene un valor político que pocos han querido leer. No fue ella quien lo convocó; fue él quien la invitó a su estadio, a su territorio simbólico, en el ritual civil más poderoso del Edomex. El mensaje es doble: el capital reconoce al poder político constituido y el poder acepta sentarse en la casa de quien antes lo confrontó. No es rendición ni sometimiento; es conciliación pragmática. Ambos ganan: ella consolida gobernabilidad y normalización institucional; él asegura interlocución y estabilidad. El fútbol, una vez más, sirve para sellar lo que no se firma.
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El poder municipal, a trompicones
En el Oriente del Edomex, el reacomodo es claro: Azucena Cisneros Coss se convierte en la alcaldesa con mayor centralidad política y desplaza en visibilidad regional a Adolfo Cerqueda Rebollo; mientras, en el Poniente, Daniel Serrano Palacios rebasa en presencia y narrativa a Isaac Montoya Márquez y a Raciel Pérez Cruz, que gobierna un municipio estratégico sin irradiar liderazgo. En el centro, Ricardo Moreno Bastida domina el tablero y eclipsa a Fernando Flores Fernández, mientras Ana Neyra y Manuel Vilchis Viveros crecen con discreción fuera del reflector. En el Sur y en el Norte, el panorama es de desolación política, sin liderazgos ni proyectos reconocibles. La constante es incómoda: la mayoría de los alcaldes son de medio pelo o, de plano, muy malos, y algunos intentan compensar la falta de resultados con propaganda, como si gobernar fuera cuestión de espectaculares.
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El fiscal que no paró
Si alguien trabajó horas extras este año fue el fiscal general de justicia del Edomex, José Luis Cervantes Martínez; no porque la Fiscalía funcione de manera óptima, sino porque el rezago heredado era tan grande que quedarse quieto ya no era opción. Durante años, la institución se dedicó a administrar el atraso y a confundir acumulación con orden. Hoy, hay algo distinto: voluntad para mover expedientes, para ordenar áreas, para dejar de usar la inercia como política pública. El problema es que la voluntad no basta donde faltan manos: ministerios públicos rebasados, peritos insuficientes, policías de investigación que no alcanzan. Cervantes corre con lo que tiene y eso explica tanto el esfuerzo como los límites. No es una Fiscalía eficaz todavía, pero sí una que dejó de fingir que no pasaba nada; y, en el Edomex, eso ya es una ruptura.


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