El pasado 17 de Mayo, Día Internacional y Nacional contra la Homo, Lesbo, Bi y Transfobia, el presidente de la República, Enrique Peña Nieto, se reunió con algunos miembros de la comunidad Lésbico, Gay, Bisexual, Travestí, Transexual, Transgénero e Intersexual (LGBTTTI) en la Residencia Oficial de “Los Pinos”, ante quienes anunció el envío al Congreso de la Unión de dos reformas para permitir el matrimonio igualitario en todo el país y otorgar la reasignación sexogenérica en los documentos legales a las personas trans.
El hecho fue histórico. Por primera vez un mandatario se reunía con personas de la diversidad sexual y ponía en debate los derechos de una minoría que por más de 40 años ha luchado férreamente para que le sean otorgados los mismos derechos que a los heterosexuales. De la homofobia sistematizada en las estructuras del poder, un presidente decidía fijar postura en un tema que sigue generando discordias y desencuentros en la sociedad.
Sin embargo, no todo fue miel sobre hojuelas y la propuesta no fue bien recibida por todos: algunos activistas del movimiento LGBTTTI alzaron la mano y criticaron a quienes se rindieron ante el poder; la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) saltó desde sus púlpitos para condenar a los “herejes” que arderán en el infierno por “atentar contra la familia y las leyes de Dios”; y algunos diputados federales y locales, especialmente del Partido Acción Nacional (PAN) y del Partido Encuentro Social (PES), anunciaron que no aprobaran estas medidas. La lucha implacable para permitir el matrimonio igualitario apenas comienza.
No perdamos el hilo a los detalles. El pronunciamiento de Peña Nieto fue más de lo que se esperaba. Golpeó con “guante blanco a la izquierda”, mandó un mensaje a su partido para que legislen a favor y tomó desprevenidos a varios, incluyendo a los invitados del evento. Analizó, disparó y acertó. Tanto que muchos analistas consideran que es el mejor momento que ha tenido su popularidad en redes sociales, pero también consta decir que tardó un año para responder a la tesis jurisprudencial emitida por la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) que considera discriminatorio la negación del matrimonio entre personas del mismo sexo en todo el país.
Uno de los puntos más llamativos de la reunión fue el exhorto que hizo a Aurelio Nuño para que sean revisados los programas educativos y se incluyan temas de la comunidad LGBTTTI. Si se plantea y ejecuta de manera adecuada puede constituir un punto nodal en la prevención de la homofobia, porque la educación es la clave para promover el respeto de todo aquello que nos rodea, estemos o no de acuerdo.
Si existe verdadero interés del gobierno federal y no sólo es un discurso vacío con tintes de alcanzar “votos rosas” o por simple acto de buena fe, es tiempo de sumar esfuerzos conjuntos y frentes comunes contra la Homo, Lesbo, Bi y Transfobia. Debemos reconocer que aun cuando el matrimonio igualitario se convierta en una realidad en México, las cosas no van a transformarse de la noche a la mañana, todo cambio social es paulatino y por ello resulta fundamental reeducar con base en el respeto sobre la libertad de ser y amar de las demás personas.
Se deben evaluar y generar las políticas públicas que protejan a la comunidad gay en las escuelas, las calles, el transporte público, los espacios laborales, se debe velar por la integridad de sus vidas, el Estado debe ser garante de una vida libre de violencia y discriminación.
Debemos ampliar los horizontes del matrimonio igualitario y la identidad sexogenérica a la tipificación de crímenes de odio por homofobia, a la prevención de Infecciones de Transmisión Sexual (ITS), a la difusión de la salud sexual, a la elaboración de protocolos que erradiquen el bullying homofóbico o la extorsión policiaca contra los gays o las trans.
Como comunidad LGBT, no concentremos nuestra fuerza en aplaudir y dar las gracias al señor presidente, tampoco en dividir la conciencia y las opiniones. Mejor exhortemos a la sociedad a que actué como un ente vigilante de todos los cambios que vienen en camino, que aprenda a respetar y a acatar lo que por derecho se debe otorgar.
Si no lo hacemos sería probar un dulce de sabor amargo. No es la panacea, es apenas la punta del iceberg.
“Esperamos sus comentarios en nuestro Twitter @FDCRadio. Muchas gracias por leernos en Alfa.”


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