4.6 millones de mexiquenses trabajan sin prestaciones

En el Estado de México, el 57.2% de la población ocupada labora en la informalidad, sin acceso a seguridad social ni derechos laborales básicos.
abril 30, 2026

Sueldos bajos, jornadas extenuantes, y falta de prestaciones; esta es la realidad de millones de mexiquenses que diariamente se ganan el sustento en empleos informales y aunque se crea que esto es exclusivo del comercio ambulante o de quienes emprenden, cada día son más los empleados que reportan en una oficina, restaurante o empresa, todo esto disfrazado de una formalidad que se queda en el imaginario colectivo.

Para la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y el INEGI, el empleo informal es toda actividad laboral que se paga, pero que no se registra de forma fiscal, legal o no oferta seguridad social, caracterizándose por la falta de contrato o prestaciones.

En el caso de las empresas, son aquellas que, aunque se encuentran debidamente registradas, no cumplen con sus responsabilidades patronales, escenario cada día más común en la entidad mexiquense.

Las cifras no mienten

La Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del INEGI respecto al primer trimestre de 2026 arrojó datos poco alentadores: la tasa de informalidad en México ronda el 54.8 por ciento de la población económicamente activa; lo que significa que más de 32 millones de mexicanos no cuentan con las prestaciones mínimas que exige la ley, pese a que en muchos casos sus jornadas son mayores a las 8 horas constitucionales. En el Edomex, el porcentaje es mayor, pues el 57.2 por ciento de los trabajadores son informales, es decir, 4.6 millones de personas.

Estas mismas cifras nos revelan que, de los 32 millones de mexicanos en este esquema, el 70 por ciento pertenece al comercio, mientras que un 30 por ciento —9.6 millones— laboran para unidades económicas formales (empresas, fábricas, oficinas de gobierno, etc), generando riqueza para empresas establecidas que niegan los derechos básicos a un trabajador.

Los efectos los paga el trabajador

Como suele suceder en estos casos, el más afectado, desde luego, es el trabajador. Mientras que el empleador puede eludir sus responsabilidades fiscales y con el IMSS, el empleado es el que se queda en el desamparo de salud, no tiene posibilidad de comprobar ingresos para realizar trámites, no cotiza para adquirir una vivienda y suma a la precariedad laboral que reina en el país.

La falta de cobertura médica es una de las carencias que más afectan a los empleados informales, pues para 2025 estos 4.6 millones de trabajadores no contaban con un servicio médico, es decir, que enfrentan cualquier riesgo laboral sin tener cobertura médica; orillándolos al uso de servicios privados, muchas veces ofrecidos en farmacias y a bajo costo.

Otro de los efectos más devastadores del empleo informal es la pobreza laboral, es decir, cuando el sueldo no alcanza para adquirir los productos de la canasta básica para todos los miembros de un hogar; la pobreza laboral en México, de acuerdo a cifras del INEGI alcanzó el 28.3 por ciento a nivel estatal, ligeramente abajo del 32.3 por ciento que registró en el país. Si bien es la cifra más baja en los últimos 20 años, implica que más de 5 millones de mexiquenses se encuentran en esta situación.

Mapa de la informalidad en el Edomex

La cartografía de la informalidad en el Estado de México indica que en el Valle de Toluca, los municipios promedian 43.9 por ciento de informalidad laboral. La actividad industrial de la zona ha permitido que esta zona se mantenga sustancialmente por debajo de la media estatal.

En contraste, el Valle de México es donde se registra el epicentro del trabajo informal en la entidad. El 55.4 por ciento de los trabajadores de los municipios conurbados, lo hace en condiciones contrarias a lo que marca la ley. Ecatepec, Chimalhuacán y Valle de Chalco, encabezan la lista, alcanzando un 60 por ciento.

Sin embargo, Naucalpan y Cuautitlán destacan como los municipios con menor tasa de informalidad, alcanzando a penas un 36.2 por ciento, son los mejor situados, no solo de la zona, sino de todo el estado.

Promesas que no se cumplen

Este es el caso de César “N”, quien ha pedido anonimato para proteger su identidad. Él es uno de los millones de jóvenes que consiguió su primer empleo como garrotero en un restaurante de una cadena, perteneciente a un político del Estado de México en el que, asegura, le fueron ofrecidas todas las prestaciones previstas por la ley, sin embargo, con el paso de las semanas la realidad fue otra.

Con solo 18 años vio en su empleo la primera posibilidad de ganar dinero tras no entrar a la universidad. Sin experiencia y con poco conocimiento no se le dio ni contrato, ni le indicaron prestaciones, solo le dieron su horario, pidieron papeles y entró a trabajar de inmediato.

“No recuerdo que me hayan dicho ninguna prestación, de hecho no me dieron ningún contrato para firmar; solo llegué, dejé mis papeles y empecé a trabajar. Hasta después de un mes firmé”, dice el joven oriundo de la zona norte de Toluca.

Mes tras mes se le obliga a firmar un nuevo contrato, para no generar antigüedad y también firma una renuncia sin fecha vigente, de no firmar no se le permite laborando; es el mismo caso de sus otros casi 50 compañeros que laboran en el lugar.

Pero el tema contractual no es el único que presenta irregularidades, pues no está registrado como trabajadores el Seguro Social, lo que le genera incertidumbre en un entorno lleno de riesgos laborales.

“Estamos en contacto con sustancias y con cosas de cocina, que son calientes, igual ahí en cocina se manejan químicos para lavarla”, subraya.

Estas situaciones que debe de pasar diariamente se suman a más de una hora de traslado que, cuando sale a las 11:00 de la noche se traducen en más de cien pesos para llegar a su casa. Ante esto, César indica que ha pensado en cambiar de trabajo, pero tener solo bachillerato y poca experiencia le han impedido encontrar algo que le ofrezca mejores condiciones.

Para muchos la única opción

Esta es la realidad de millones de mexiquenses que diariamente se ganan la vida en la informalidad. Sorteando peligros laborales que no serán recompensados, sujetándose a empleos que no ofrecen sino un sueldo, normalmente el mínimo; sin prestaciones, sin seguridad de conservar su sustento, pero destinando ocho o más horas para tener la mejor vida posible.

Todo esto ante los ojos indiferentes de unas autoridades que han prometido acabar con estas condiciones y, hasta el momento mantienen esta deuda.

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