Entre enero y junio de 2025, los delitos de alto impacto disminuyeron en el Estado de México. De acuerdo con cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), los homicidios dolosos bajaron 31 %, el robo de vehículo con y sin violencia 25 % y la extorsión 18 %. También hubo reducciones en secuestro, robo a casa habitación con violencia, robo en transporte público, feminicidio y violación. Sin embargo, estos resultados no se han traducido en una mejora equivalente en la percepción ciudadana de seguridad.
Según la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU), publicada por el INEGI en junio, cinco de las ocho ciudades mexiquenses incluidas en el estudio reportaron un incremento en el porcentaje de personas que consideran inseguro vivir en su ciudad. En Ecatepec, la percepción de inseguridad pasó de 85.0 % en marzo a 90.7 % en junio; en Tlalnepantla de Baz aumentó de 74.2 % a 78.9 %; y en Nezahualcóyotl subió de 60.8 % a 64.9 %. Solo Atizapán de Zaragoza logró mantenerse por debajo del promedio nacional, con una tasa de 49.9 %.

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Una estrategia coordinada con resultados en cifras
Desde marzo de este año, el gobierno federal y el del Estado de México implementan la Estrategia Operativo Oriente, un plan de intervención en 11 municipios con alta concentración delictiva: Naucalpan, Tlalnepantla, Ecatepec, Chalco, Valle de Chalco, Nezahualcóyotl, Chimalhuacán, La Paz, Chicoloapan, Ixtapaluca y Texcoco. Estos municipios representan más de la mitad de la incidencia delictiva estatal, según un análisis oficial.
El modelo articula la operación conjunta de policías municipales, estatales, la Guardia Nacional y el Ejército. Incluye patrullajes, cateos, vigilancia con 9,700 cámaras del C5 y operativos contra delitos específicos como extorsión, narcomenudeo y robo con violencia.
Además, se han desplegado acciones bajo distintas operaciones tácticas como Enjambre, contra la corrupción institucional; Atarraya, contra comercios ilegales; Bastión, para asegurar inmuebles usados por grupos delictivos; y Restitución, para combatir despojos de propiedades. En paralelo, se implementó un Mando Unificado con 3,000 elementos operando diariamente en 187 colonias de atención prioritaria.
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¿Por qué la percepción no mejora al mismo ritmo?
Aunque la estrategia muestra avances en los indicadores delictivos, la percepción ciudadana responde a otros factores. Para Cristina Eugenia Pablo Dorantes, catedrática de la Facultad de Derecho de la UAEMéx y especialista en prevención del delito, la percepción de inseguridad está vinculada a la experiencia cotidiana y al tipo de intervención que observa la ciudadanía.
“Una cosa es la percepción de la inseguridad y otra es bajar los índices delictivos”, explicó en entrevista para AD Noticias. “Si al bajar los índices se hace a través de operativos que implican presencia militar o federal en zonas residenciales, eso puede generar incertidumbre entre la población”.
La presencia de nuevas fuerzas en entornos urbanos, donde históricamente han operado policías municipales, puede ser interpretada por la ciudadanía como un signo de alerta más que de protección:
“Si yo veo que a mi comunidad, donde siempre he visto policías municipales, de repente llegan militares, pienso que algo grave está pasando. Entonces me siento más insegura”, señaló la académica.


Seguridad percibida y confianza institucional
La ENSU mide percepción, no cifras delictivas. Aun así, es utilizada como un indicador indirecto del nivel de confianza que la ciudadanía tiene en sus instituciones. Según la especialista, la confianza se construye con cercanía, consistencia en la respuesta institucional y presencia conocida.
“No es porque haya más policías que la gente se va a sentir más segura. A veces uno dice: ‘Mi colonia no era tan problemática y ahora hay más patrullas; algo está ocurriendo’. Eso puede generar precaución en lugar de tranquilidad”, explicó.
En ese contexto, Pablo Dorantes plantea la necesidad de fortalecer la policía de proximidad y los mecanismos comunitarios de seguridad.
“Cuando se conocen a los elementos de seguridad, cuando hay comunicación constante, la percepción puede cambiar. Eso es parte de una estrategia de seguridad ciudadana”.
También considera que parte del rezago en la percepción responde al abandono histórico de las policías locales:
“Se ha menospreciado a la policía municipal. En algunos casos, por falta de atención institucional, terminan sin el respaldo necesario y eso afecta la operación. La seguridad ciudadana implica un trabajo multisectorial y de largo plazo”.
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Un proceso de largo aliento
La gobernadora Delfina Gómez y la presidenta Claudia Sheinbaum han planteado que la estrategia de seguridad en el Estado de México requiere continuidad y coordinación. La experiencia en el corto plazo, sin embargo, muestra que la reducción de delitos no implica una mejora inmediata en la percepción ciudadana.
“Es cuestión de tiempo porque la sociedad está muy renuente”, señaló la académica. “No es una receta de cocina. Se necesita trabajar con toda la maquinaria institucional: policías capacitados, atención comunitaria, servicios públicos funcionales y participación ciudadana constante”, concluyó.
Cinco de las ocho ciudades mexiquenses medidas por el INEGI reportaron aumentos en la percepción de inseguridad en el último trimestre, mientras el Estado de México alcanzó sus mejores cifras delictivas en casi una década. La brecha entre resultados y percepción plantea nuevos desafíos en materia de confianza y proximidad institucional.


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