Por supuesto que no todo está mal en el Poder Judicial. En su base trabajadora está quizá lo más rescatable. Aunque hay mucho por mejorar, en el interinato de Fernando Díaz podrán darse pasos importantes. El primero, soltar lastre, sacudir escoria enquistada. La burocracia dorada debe irse, refrescar con profesionales con mayor capacidad técnica y compromiso deontológico. Se frotaban las manos y relamían bigotes creyendo que se quedarían. No, tendrán que irse.
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Alrededor de los gobiernos municipales se ha desarrollado un modelo de negocio con la proveeduría de bienes y servicios con márgenes de ganancia altísimos. Vender caro, cosas muy chafas, ese es el secreto. La llave, el “ten per cent” , “moche” o “mordida”. Siempre se ha dicho que la clase política mexiquense es corrupta, pero peor es su clase empresarial porque además es voraz. Eso no va a terminar de la noche a la mañana.
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El clero católico mantiene un enorme poder de influencia sobre amplios estratos de la sociedad mexiquense. Menos que hace 10 o más años, pero su fuerza de persuasión es grande. Desde que el PRI perdió la gubernatura se replegó, pero ha vuelto a salir a tocar conciencias a partir de una agenda política. Es la derecha embozada que intentará la restauración del statu quo que supone perdió en 2023.
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La sucesión en Rectoría es un proceso político estrictamente con alegorías académicas y democráticas. Así debe entenderse por toda la comunidad. La convocatoria está a días de ser publicada y abrir formalmente la competencia que, por cierto, inició desde hace meses. La lista de aspirantes es larguísima, quizá más de ocho, irrelevante cifra, porque la calidad del proceso dependerá de la calidad de las propuestas, no de los nombres.
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Todos los partidos, sin excepción, grupos de interés político y económico, intentarán meter la mano en el proceso universitario, la comunidad universitaria no puede permitir que lobos vestidos de oveja se cuelen.


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