Lerma, Estado de México. La renuncia del alcalde Miguel Ángel Ramírez Ponce al PRI no ha derivado, hasta ahora, en cambios formales dentro del Ayuntamiento —integrado mayoritariamente por priistas—, pero sí detonó un proceso de contención política y reorganización interna del tricolor, que ya opera en tres niveles: alineamiento de liderazgos, control del gabinete y reactivación territorial.
En el plano político, el exalcalde Erik Sevilla encabezó el pasado sábado una reunión con simpatizantes y cuadros priistas, donde fijó una postura de cierre de filas frente a la ruptura. “El que se fue, se fue”, afirmó, en un mensaje que, más que dirigido a la ciudadanía, parece orientado a la estructura interna del partido para frenar posibles deserciones y exigir definición a funcionarios y operadores.
Pese a este movimiento, en la alta burocracia municipal —Secretaría del Ayuntamiento, Tesorería, Obras Públicas, Seguridad y Administración— no se han registrado renuncias ni reposicionamientos públicos. La permanencia de estos perfiles, algunos vinculados al priismo local, sugiere una estructura administrativa que se mantiene operando bajo control político previo, en espera de señales claras sobre la nueva correlación de fuerzas.

Reconstrucción desde abajo
En paralelo, el Comité Municipal del PRI en Lerma publicó la convocatoria para integrar Comités Seccionales, un indicio de reactivación de su base territorial en medio del reacomodo. El llamado, respaldado por dirigencia local, estatal y figuras del partido, apunta a reconstruir estructura desde abajo, en un contexto donde la cohesión interna enfrenta tensiones.
Mientras tanto, versiones de acercamientos de funcionarios municipales con actores de Morena comienzan a circular en el entorno político local, lo que refuerza la lectura de un proceso de transición aún no formalizado, pero en desarrollo.
Con un gobierno que sigue funcionando en lo administrativo, pero sin definición política clara, Lerma entra en una fase de doble dinámica: contención priista y expectativa de realineamiento. El poder institucional permanece, pero el control político comienza a desplazarse.


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