Que tan mal debe estar el PRI para que sea la de su gerontocracia la única voz viva y discordante. Ver reunidos a 18 señores, todos mayores de 50 años y algunos cercanos a los 80, para presentarse como la resistencia tardía a los mangoneos de “Alito” Moreno provoca ternura. El club de los cabecitas de algodón, organizados por el peñista Ricardo Moreno —por cierto, antes subordinado de “Alito”—, han presentado carta con sus firmas para solicitar cándidamente que la próxima dirigencia estatal sea electa por consulta a las bases. Lo que hay que ver.
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Azucena Cisneros y Luz Ma. Hernández no son amigas, pero sí profesionales de la política. Por eso no debe extrañar que, después de su desencuentro en el pasado proceso interno de Morena para elegir dirigencia, se reúnan y fotografíen juntas muy sonrientes. Es más lo que las une que lo que las separa. La presidenta de Morena no puede darse el lujo de casar pleito con la alcaldesa de Ecatepec, el municipio con el mayor padrón de votantes, en medio de una campaña de afiliación con la ambiciosa meta de 3 millones de credencializados. Azucena muy “Mexiquense Corazón” y Luz Ma. muy “Somos”, pero pueden andar juntas… que no revueltas.
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La lanzada mediática contra Enrique Vargas le tiene sin cuidado, según sus propias palabras. Al senador panista se le han echado encima como adversarios algunos que antes suponía aliados. Las criticas o acusaciones más feroces en su contra han salido de cuadros del PAN o de la derecha. La intención es obvia, debilitarlo. Vargas no sufre ni se acongoja, por el contrario, se ufana de que no le han hecho ni cosquillas. Veremos dónde para.
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Isaac Montoya es un político de buenas hechuras. Articulado y de pensamiento crítico. Por eso extraña que haya aceptado disfrazarse de policía para pasar revista. Inevitablemente, exaltó aquella imagen de Calderón vestido con uniforme de militar que le quedaba grande. De allí salió el mote de “comandante Borolas”. Hay otras formas, más inteligentes, para construir espíritu de cuerpo. Así no, Isaac.
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Más de un año después de su creación, la Vocería de la Gubernatura no logra salir de la afonía. Extraña decisión de crear un instrumento, en este caso de comunicación, para no usarlo, peor todavía, para incomunicarlo. La Vocería no nació muda, la silenciaron, dicen, las grillas e intrigas palaciegas. ¿Será?


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