Proyecto europeo en Toluca

El que contamina paga: ese es el principio bajo el cual se rige la idea de implementar en Toluca la llamada “Ecozona”. Es decir, no se trata de un plan diseñado específicamente para disminuir la cantidad de contaminantes en un área de la ciudad (lo cual sería discriminatorio, pues el derecho a un ambiente sano es para todos, independientemente de donde vivimos). Tampoco se trata de un modelo de movilidad sostenible que modifique estructuralmente el diseño de la ciudad. Se trata, más bien, de una estrategia que busca, por un lado incrementar la recaudación fiscal (obligando a los automovilistas a
febrero 17, 2016

El que contamina paga: ese es el principio bajo el cual se rige la idea de implementar en Toluca la llamada “Ecozona”. Es decir, no se trata de un plan diseñado específicamente para disminuir la cantidad de contaminantes en un área de la ciudad (lo cual sería discriminatorio, pues el derecho a un ambiente sano es para todos, independientemente de donde vivimos). Tampoco se trata de un modelo de movilidad sostenible que modifique estructuralmente el diseño de la ciudad. Se trata, más bien, de una estrategia que busca, por un lado incrementar la recaudación fiscal (obligando a los automovilistas a verificar sus unidades) y, por el otro, generar una zona turística que den ganas de visitar. Se trata de un esquema implementado, sobre todo, en Europa, en ciudades con grandes atractivos turísticos pero que enfrentan problemas derivados de la creciente urbanización.

 

Ciudades como Londres, París, Berlín, Atenas y muchas más han venido generando zonas a las que se denomina de “baja emisión”, porque se ha restringido en ellas el acceso a todos los vehículos, poniendo criterios para poder ingresar: tipo de vehículo, horarios, cuotas a cubrir, entre otros. Desde luego que en el caso de nuestra ciudad de Toluca es necesario ver los matices que pueden derivar en un éxito o fracaso para la habilitación de una zona con estas caracteírsticas. Son cinco los factores que quisiera considerar:

 

Primero: por las caracteristicas socio-económicas de la zona, es notable que hay muchos vehículos circulando con una antigüedad superior a los 10 años; eso incrementa la cantidad de gases contaminantes que emiten. A ellos se les restringiría el acceso a la “ecozona” o se les va a condicionar al hecho de pasar la verificación vehicular. La lógica que está detrás de esto es simple: obligamos a quien posee un vehículo a pagar por la emisión de contaminantes al aire (entre más viejo el auto mayor problema). Si tengo para comprar un auto reciente y pago la verificación, puedo circular, si no, pues ni modo, a caminar para no contaminar y no pagar.

 

Segundo. Hay estudios cientificos, realizados por gente de la Universidad Autónoma del Estado de México y por otras instancias, que han mostrado como el comportamiento del monóxido de carbono en Toluca y su zona metropolitana está estrechamente relacionado con la manifestación de diversos fenómenos atmosféricos. Las condiciones meteorológicas en las diferentes estaciones del año determinan que se presente una mayor o menor concentración de monóxido de carbono. Sobre todo las bajas temperaturas del invierno lo concentran en la capa atmosférica adyacente al suelo, mientras las elevadas temperaturas del verano, aunadas a las lluvias y a los vientos predominantes, lo transportan y lo diluyen a otras zona. Es decir, si se piensa que restringiendo el acceso de vehículos muy contaminantes al centro va a permitir que ahí se respire un mejor aire es una óptica equivocada, porque los contaminantes suelen ser esparcidos por el viento (que aquí sopla sobre todo de sureste a noreste) o quedarse atrapados por las bajas temperaturas.

 

Tercero. Los estudios de ingeniería relacionados con los ciclos de manejo (es decir, patrones que representan las formas típicas de conducir) revelan que la conducción típica en las ciudades implica velocidades no muy altas, constante frenado y uso permanente de la primera, segunda o tercera velocidades, lo cual incrementa el consumo de combustible y, con ello, la emisión de contaminantes. Claro que tales ciclos son dinámicos y están condicionados por muchos factores, pero si en el caso de la Ecozona de Toluca se propone ir a velocidades menores a 30 kilómetros por hora, es claro que los ciclos de manejo que se generarán serán mucho más contaminantes. Pero suponiendo que habrá menos vehículos en el cuadrante porque se restringe el acceso a los que no están verificados, pues quedamos casi igual: menos autos, pero con más emisiones debido al ciclo de manejo.

 

Cuarto. Buena parte de las ciudades que han implentado la idea de zonas de acceso vehicular restringido tienen aparejado un proyecto turístico en la zona: hacer visitable el sitio, con posibilidad de caminar tranquilamente, reducir los riesgos de accidentes, el ruido, los embotellamienos y cosas que hagan desagradable la estancia. Toluca tiene un proyecto de generar un Centro Histórico que atraiga al turismo, pero ello no tiene que ver con el tema ecológico, a menos que se sepa de medidas permanentes para lograr un manejo sustentable del uso de suelo, fuentes de energía renovable y alterna, manejo sustentable del agua, materiales ecológicos, manejo sustentable de los desechos, entre otros. El Ayuntamiento tendría que informar de esto si es que existe.

 

Quinto. El éxito de un proyecto depende de factores como estudios previos, exploración de alternativas, consulta a la población involucrada y parámetros de medición. Si en el caso de la Ecozona en Toluca esto se ha hecho, al menos no se ha publicado. En el sitio web creado para difundir el proyecto, por ejemplo, no hay información alguna sobre el transporte público en la Ecozona o sobre la opinión de la gente.

 

¿Quién o quiénes están detrás de la iniciativa de traer a Toluca este esquema europeo? ¿Se vendió la idea y alguien está sacandoprovecho? No lo sé, pero el problema de “importar” modelos sin adecuarlos, respaldarlos sólidamente e informar transparentemente de ellos es que generan un rechazo. En el caso de la Ecozona, las autoridades deberían decir que se trata de hacer que quien contamina pague y de impulsar un proyecto turístico, pero que no lo presenten como una idea encaminada a la sustentabilidad, porque en realidad no lo es.

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