No deja de sorprenderme el poder que tienen las redes sociales hoy día y de qué manera están cambiando en mucho el rostro de nuestro país, para muestra en esta semana tenemos un hashtag maravilloso en tuiter: #LordMeLaPelas, que nos muestra de cuerpo completo una realidad que los habitantes de Toluca conocemos desde hace décadas y que tiene que ver con la prepotencia y bajeza de algunas de las familias de ascendencia libanesa que viven en la ciudad, si, los últimamente notorios (que no famosos @rlibien) Libien.
Hace unas semanas empezó un escándalo (para no variar) con el heredero de uno de los Libien que se dedican a los medios de comunicación, Naim Libien, que fue señalado como asociado del cártel de los cuinis en el estado de Jalisco, por parte de autoridades norteamericanas (la DEA que es la agencia que vigila y persigue a los narcotraficantes) que prohíben a cualquier norteamericano hacer negocios con el, bajo riesgo de recibir sanciones penales y/o confiscación de bienes en Estados Unidos, no sabemos cuánto le habrán tumbado ya a Naim, lo que sí son notorios son los movimientos de desaparecer de Facebook y cerrar oficinas en la ciudad de Toluca y las nulas apariciones públicas.
Ahora el escándalo continúa de la mano de su primo hermano Raúl Libien, hijo de Miled Libien, propietarios de un «emporio» de comunicaciones que de manera por demás sospechosa han hecho millones sobre millones por ser propietarios de revistas que nadie lee, de diarios que nadie compra y de frecuencia en radio que nadie escucha, eso de «sospechoso» es un decir, porque en Toluca todos sabemos de dónde ha salido el dinero (hay dos cosas que no se pueden esconder y eso es el dinero y lo pendejo, ambas situaciones parece que les sobrarían). El escándalo en cuestión que le valió la notoriedad nacional e internacional a este Libien, implica su bajísimo comportamiento frente a una autoridad (puede gustarte o no, pero es la autoridad), en la persona de Arne Aus Den Ruthen, el city manager (director general de administración) de la delegación Miguel Hidalgo en la CDMX, algo que debiera ser parte de una normalidad democrática como NO estacionar los vehículos de los guarros en la banqueta y bajarlos cuando se te requiera, se convirtió en este escándalo internacional por la actitud bajuna de Libien insultando totalmente fuera de sus casillas a la autoridad y después mandándolo golpear por los mismos guaruras en los mismos autos que habían recogido la semana anterior, quedando constancia de todo otra vez en video.
Es un escándalo bestial por donde queramos verlo, ya que desnuda las complicidades entre autoridades y medios chayoteros que viven y medran del presupuesto (y otros negocios cuestionables), a cambio de una disciplina canina, como dice el viejo adagio priista: perro con hueso ni ladra ni muerde.
La mala noticia para estos mirreyes es que el poder de la sociedad civil a la vez que crece con la difusión en redes sociales de estas realidades, su poder estratégico para ser maiceados por parte del gobierno cada vez es menos y medios tan poderosos como Televisa y tv Azteca ya se las están viendo negras por la pérdida de ingresos, que es el futuro a muy corto plazo para los pasquines sin veracidad, sin trabajo periodístico y sin crítica, si nadie te lee, nadie te va a pagar y eso incluirá a los gobernantes, que como el Bronco en Nuevo León ya se dio cuenta de este fenómeno y lo está usando a su beneficio.
A tumbos, caídas y trompicones, pero poco a poco este país va cambiando, les guste o no.
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