Artículo dedicado a Diana Segura, compañera de la Facultad de Arquitectura y Diseño de la UAEMex, a su valentía y fortaleza.
Caminar nuestra ciudad, esta simple acción en el Estado de México es una actividad de alto riesgo, y es que aunque distintas ciudades del país promueven políticas públicas para que más personas se trasladen a pie de forma segura, accesible, cómoda y eficiente, en Toluca pareciera no llegar ese momento.
De acuerdo con las estadísticas ATUS del INEGI[i], en el periodo 1990 – 2013 se reportaron 543,541 atropellados en las zonas urbanas y suburbanas, en Toluca en los últimos meses hemos sido testigos de desafortunados accidentes que terminan o transforman la vida de quienes cometen el grave error de caminar.
Los cruces viales son los lugares donde las fricciones producidas por el encuentro entre el transito motorizado y la circulación peatonal muestran sus repercusiones más duras, en ocasiones terminando con consecuencias mortales[ii], sin embargo en nuestra sociedad tenemos ideas erróneas tan arraigadas que terminan pareciendo verdaderas, un claro ejemplo es la idea de que los puentes peatonales son infraestructura peatonal, la realidad es que son infraestructura pensada y realizada para que nada le estorbe al automovilista.
Actualmente enfrentamos un gran reto que implica hacer transformaciones profundas, primero en la forma de pensar de los gobernantes y después en la realidad de los millones de habitantes del Estado de México, rediseñar y construir las ciudades priorizando la escala humana es la aspiración, esto se logrará si transitamos a tomar decisiones en conjunto (Sociedad Civil, Empresarios y Gobierno).
La expansión anárquica de las ciudades en muchos sentidos está siendo muy costosa, datos da la SEDESOL (2012), nos señalan que el área de las ciudades mayores a 50 mil habitantes se ha expandido 6 veces de 1980 a 2010, mientras que la población solo se ha incrementado en 1.9 veces, se redujo la densidad de la población en un 67%, mientas tanto el uso del automóvil se triplico de 1990 a 2010 generando externalidades negativas (contaminación, accidentes, ruido, congestionamientos, etc.), lo anterior le genera a la sociedad un costo del 4% del PIB de las ciudades.
Como ya lo han dicho los camaradas de ITDP México; nos encontramos en un buen momento para replantear dichas políticas y transitar hacia un modelo de ciudad con bajas emisiones de carbono, en el cual la movilidad sustentable y socio-económicamente incluyente sea el eje rector del desarrollo urbano[iii].
Es posible y necesario lograrlo a través de incentivar el desarrollo urbano alrededor del transporte público masivo, mismo que ha probado su éxito en distintas ciudades del mundo, y es que el transporte público masivo repensado viene acompañado de redes de ciclovías, calles estrictamente para los peatones e infraestructura urbana que genera una mejora inmediata en la calidad de vida, estas mejoras solo nos darán como resultado la tranquilidad y paz que nos ofrecen aquellos “pueblos” a los que con desdén se les llama “bicicleteros” pero promoviendo el desarrollo económico, la equidad y la sustentabilidad de las ciudades del mundo donde se ha impulsado, es así que hoy la mayor aspiración es a poder recuperar nuestra ciudad y convertirla en un “pueblo bicicletero”.


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