El día 18 de julio del 2016 será recordado por mucho tiempo; si lo dividimos en básicamente tres partes para analizar, estableceremos que la estrategia implementada por el Gobierno Federal es de nueva cuenta una muestra más de que el PRI sabe cómo reinventarse y manipular a la sociedad, aunque la apuesta será visualizar si lo lograrán o no.
Primero, en el marco de la promulgación del paquete legislativo en contra de la corrupción, el tema que más indigna a la sociedad son todos los escándalos por excesos cometidos por gobernadores (principalmente) o cualquier servidor público, que a todas luces se enriquecen de forma desleal. Por otra parte, no podemos olvidar que la iniciativa ciudadana que generó un gran número de adeptos, mejor conocida como “Ley 3 de 3”, no fue aprobada en los términos en que fue propuesta por los ciudadanos que la firmamos, y fue modificada por el mismo PRI y su aliado, el Partido Verde, para después ser vetada por el Ejecutivo Federal, solicitándole al Congreso de la Unión la realización de un periodo extraordinario a fin de subsanarla.
Segundo, es la renuncia de Virgilio Andrade como titular de la Secretaría de la Función Pública, quien se encargó de realizar una “investigación” a fin de “justificar” que no existía conflicto de intereses, ni cualquier otra responsabilidad por parte de Angélica Rivera (Primera Dama) y Luis Videgaray (Secretario de Hacienda); omitiendo señalar al propio Presidente de la República y a la empresa HIGA, dejando más interrogantes para aclarar.
Tercero, el reconocimiento parcial del Presidente por el caso denominado “Casa Blanca”, donde a grandes rasgos, refirió que cometió un error que lastimó la investidura presidencial y daño a su familia, generando una “percepción negativa” a pesar de haber actuado apegado a la ley.
De estos tres momentos podemos señalar que efectivamente el Presidente, al mencionar la palabra “percepción” en su discurso, deja entrever que está en marcha una campaña de limpieza de él mismo y de su partido. Una muestra de ello es el veto a la Ley 3 de 3, la promulgación del sistema que el mismo PRI bloqueó en el Congreso, la simulación de la investigación y su resultado, la disculpa de Peña (claro, excusándose de no haber cometido ningún acto contrario a la ley), e incluso el cambio de Dirigencia Nacional de su partido; estrategia con la que intentan vendernos la percepción de que están aceptando sus errores.
En realidad estamos muy lejos de que las cosas cambien, si fuera así, el Ejecutivo Federal se habría puesto a la disposición de una autoridad investigadora neutra e imparcial, solicitando una nueva investigación de cómo se adquirieron las 3 casas señaladas y que se engloban dentro del señalamiento conocido como la “Casa Blanca”, que son en realidad 3 inmuebles: el de Las Lomas de Chapultepec, el de Ixtapan de la Sal y la casa de Malinalco, estas dos últimas ubicadas en municipios del Estado de México; investigación que deberá de realizar el nuevo titular del Sistema Anticorrupción, que en estricto sentido, tendría que ser un ciudadano no vinculado a ningún partido político, y que podría ser incluso uno de los impulsores de la Ley 3 de 3; y la sanción corresponde también a los involucrados como la Primera Dama, el Secretario de Hacienda y Crédito Público, la empresa HIGA, el extitular de la Función Pública, e incluso al Presidente de la República, pues solo con ello se matan las “percepciones” para dar paso a las verdaderas acciones.


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