La elección terminó. Ahora comienza el verdadero desafío.
Osmara Vega Quintana será la nueva secretaria general de la Federación de Asociaciones Autónomas de Personal Académico de la Universidad Autónoma del Estado de México (FAAPAUAEM), una organización que representa a más de cinco mil docentes y que constituye uno de los principales interlocutores de la vida universitaria en temas laborales, salariales y de gobernabilidad.
Su triunfo no surgió de la improvisación. Durante los últimos seis años construyó una trayectoria dentro de la estructura sindical. Primero ocupó la Secretaría de Comunicación y Extensión, donde fortaleció la vinculación con las asociaciones académicas y la difusión de los programas gremiales. Más tarde asumió la Secretaría de Administración y Finanzas, una de las posiciones estratégicas de la organización, desde donde coordinó la Caja de Ahorro, programas de prestaciones económicas y diversos apoyos dirigidos al personal académico.
Esa experiencia explica buena parte del respaldo que recibió de la Planilla Magenta, identificada con la continuidad de la administración encabezada por Gilda González Villaseñor, pero también con una agenda de modernización interna y fortalecimiento institucional.
Una académica con perfil de investigación
Además de su trabajo sindical, Osmara Vega ha desarrollado una carrera académica dentro de la UAEMéx.
Es licenciada en Turismo y maestra en Administración de Negocios, ambas por la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMex). Complementó su formación con una especialidad en Género, Violencia y Políticas Públicas, campo desde el cual ha impulsado investigaciones sobre igualdad y representación de las mujeres en los espacios universitarios.
En 2025 publicó el trabajo «Visibilización de las mujeres universitarias artistas plásticas y visuales en la FAAPAUAEM mediante una política con perspectiva de género«, incorporado al Repositorio Institucional de la UAEMéx, donde plantea la necesidad de fortalecer la participación y el reconocimiento de las mujeres dentro de la vida universitaria.

Una dirigente formada desde dentro
A diferencia de otros liderazgos que llegan desde la competencia política, Osmara Vega creció dentro de la propia organización.
Su nombre aparece desde hace varios años en el directorio del Comité Ejecutivo, en el Comité Editorial del órgano oficial de la FAAPAUAEM y en actividades permanentes de representación sindical, lo que refleja una participación constante en la construcción institucional de la Federación.
Esa trayectoria interna le permitió conocer de primera mano las principales demandas del profesorado: mejores salarios, fortalecimiento de las prestaciones, transparencia en los concursos de oposición, regularización de docentes contratados bajo la modalidad de Apoyo Financiero y mejores condiciones para el retiro.
El respaldo y los desafíos
Su victoria también representa la continuidad de un proyecto sindical que gobernó la FAAPAUAEM durante los últimos ocho años. Sin embargo, el contexto será distinto.
La nueva secretaria general asumirá funciones al mismo tiempo que inicia la administración de la rectora Patricia Zarza Delgado, en una universidad que todavía enfrenta el reto de consolidar su estabilidad institucional tras la crisis de 2025.

Su principal responsabilidad será equilibrar dos exigencias que rara vez avanzan al mismo ritmo: mantener una relación institucional con la Rectoría y defender las demandas laborales de una comunidad académica que reclama mejores condiciones salariales, fortalecimiento del ISSEMyM, certeza para la jubilación y mayor estabilidad en la carrera docente.
La rectora Patricia Zarza ya envió una primera señal al felicitar públicamente a la nueva dirigente y expresar su disposición para construir acuerdos mediante el respeto institucional. Esa relación marcará buena parte del rumbo que tome la universidad durante los próximos cuatro años.
Osmara Vega llega con una ventaja: conoce el sindicato desde dentro.
Ahora deberá demostrar que también puede conducirlo en una etapa en la que la estabilidad de la universidad dependerá, en buena medida, de la capacidad para construir acuerdos sin renunciar a la defensa de los derechos de los académicos.


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