Como niño caprichoso, el rector optó por encerrarse emberrinchado a que pasen los días y termine su administración. No quiere más queso, sino salir de la ratonera. Una a una, las escuelas y facultades de Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx) se suman al paro impulsadas por la razón y fuerza de su comunidad estudiantil. Mientras, como Nerón con la lira en la mano, Barrera observa agazapado el incendio Roma.
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El movimiento universitario es orgánico y pertenece a los estudiantes. Pobres diablos aquellos que pretenden arrogarse la autoría creyendo que pueden engañar a los jóvenes. La protesta ha permeado porque hay razones, tiempo y espacio para ella. Además, el contexto nacional y local de cambio contagia. Sería muy doloroso si hoy, como en el 78 o el 2020, después de todo… todo continuara igual.
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La protesta estudiantil se ha circunscrito, hasta ahora, a los planteles del centro. Es, en origen, un movimiento <<tolucéntrico>>. Si en las siguientes horas se extiende al Valle de México, se reunirán todas las condiciones para cancelar o mínimamente postergar la elección de autoridades, específicamente la rectoría. El problema ha escalado, básicamente, por desatención y soberbia.
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Tampoco es para dramatizar. Quizá sea la oportunidad para la gran reforma estructural que requiere la universidad, más allá del control administrativo que tanto apetece a los grupos de poder que papalotean como zopilotes.
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Como sano ejercicio de memoria y reflexión, valdría la pena revisar que fue de los líderes del movimiento COCOL del 76, también de los “Porros”. Son bien conocidos los nombres y las historias de algunos que terminaron como políticos priistas, burócratas o empleados de la propia universidad. Suele suceder.


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