Relación perversa

Quizá los psicólogos sociales podrían contribuir a precisar las características existentes de la relación entre la sociedad mexicana y su clase política. De acuerdo a los expertos hay diferentes tipos de relaciones enfermizas entre individuos o grupos de ellos. Se caracterizan por ser aquellas en donde se presenta el  abuso de parte de una de las partes, el controlador, hacia la otra parte, el controlado. Entre las más conocidas están el sadomasoquismo, la codependencia, la demandante, la insegura, la competitiva, la perfeccionista, la manipuladora. En esta última el manipulador le hace creer al manipulado que todo lo hace por su
diciembre 15, 2014

Quizá los psicólogos sociales podrían contribuir a precisar las características existentes de la relación entre la sociedad mexicana y su clase política.

De acuerdo a los expertos hay diferentes tipos de relaciones enfermizas entre individuos o grupos de ellos.

Se caracterizan por ser aquellas en donde se presenta el  abuso de parte de una de las partes, el controlador, hacia la otra parte, el controlado.

Entre las más conocidas están el sadomasoquismo, la codependencia, la demandante, la insegura, la competitiva, la perfeccionista, la manipuladora.

En esta última el manipulador le hace creer al manipulado que todo lo hace por su bien aun cuando, en la realidad, sólo busca abusar de él.

Entre la sociedad mexicana y su clase política se ha establecido una relación en la que aparecen varios de los elementos que configuran una relación enfermiza, en la que hay un abusador, el político, y un abusado, el pueblo .

El abusador  comienza el ciclo perverso utilizando dinero del abusado para montar un espectáculo en el que,  como estrella omnipotente, le ofrece al abusado que resolverá la totalidad de sus problemas.

Incluso utilizará el dinero del abusado para ofrecerle  un poco del mismo teniendo como condición que este último vote por el primero.

Una vez que el abusador ha obtenido el voto del abusado, se dedica a disfrutar de la riqueza que él mismo se autoriza y que le permite vivir con un lujo que ni remotamente puede alcanzar el abusado.

Se esmera también en sacarle más  dinero vía impuestos  y a ofrecerle que lo utilizará para resolver sus problemas, aun cuando en realidad lo utilizará en su provecho.

Posteriormente el abusador acuerda con sus socios y amigos, contratistas, compañías telefónicas y de televisión, empresas transportistas y ferrocarrileras, compañías petroleras,  la manera en que estos últimos, a su vez, también le sacarán más dinero al abusado.

El abusador casi siempre tiene cuidado de hacerle ver al abusado que todo lo que hace es en su beneficio y que la situación sólo mejorará si coopera y tiene paciencia para ver los resultados.

Que entienda el  abusado que la mala situación cambiará para él en algún momento en el futuro y que mientras tanto es tiempo de sacrificarse en aras de ese tiempo promisorio.

Si en algún momento el abusado se da cuenta de su verdadera situación y protesta, el abusador puede recurrir a la fuerza  pública para encarcelar o desaparecer a los inconformes.

Al final se reinicia el ciclo democrático y el abusador, con la misma o diferente cara, se vuelve a presentar para que el abusado emita un voto en su favor, con el que, ahora sí mejorará su situación.

A manera de conclusión se podría señalar que el ser abusador parece consustancial a cierto tipo de personas, pero el reto es indagar si también lo es el ser abusado y en su caso, si a esta segunda categoría pertenece la mayoría de los mexicanos. 

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