En México podemos hablar de dos percepciones, entre ellas que el Presidente está haciendo bien las cosas (versión del gobierno) y por otro lado la de un país inestable económicamente y profundamente marcado por la constante violación de los derechos humanos, desapariciones, el fortalecimiento y control del crimen organizado, una profunda desilusión por el mundo público, corrupción e impunidad, etc. (versión de la ciudadanía); pero exististe una sola realidad, aquella que va más allá de los acarreados políticos, de eventos democráticos “disfrazados y controlados” para rendir un informe o una ceremonia del grito de independencia o de una invitación para ofrecer tributo a un enemigo del país, esa realidad que avalan alrededor de 7 de cada 10 mexicanos y que gritamos y evidenciamos día a día en las redes sociales (único espacio que hemos tomado los ciudadanos).
Existe en la actualidad un movimiento que no hay que perder de vista, encabezado por académicos, líderes de opinión, periodistas, intelectuales, etc. que basándose en el precepto constitucional del artículo 86 de nuestra Carta Magna, que a la letra reza “El cargo de Presidente de la República sólo es renunciable por causa grave, que calificará el Congreso de la Unión, ante el que se presentará la renuncia”; sin embargo concretar esta realidad se vislumbra imposible debido a que en nuestra Constitución no existe una definición de causa grave, por lo tanto está sujeta a la interpretación que el Poder Legislativo Federal quiera otorgarle. Por otra parte, el mismo movimiento social ha querido hacer uso del artículo 108 Constitucional que en su segundo párrafo dice: “El Presidente de la República, durante el tiempo de su encargo, sólo podrá ser acusado por traición a la patria y delitos graves del orden común”, numeral constitucional que también guarda un vicio inacabado que tendría que ventilarse en el seno del Poder Legislativo y que lamentablemente la mayoría de legisladores pertenece al partido del Presidente.
Pero estos datos no son para dar por terminada esta corriente, sino por el contrario a todas luces se vislumbra su crecimiento, el cual generará tarde o temprano importantes acciones tanto en el interior de nuestro país como en el exterior, pues las personalidades que le han dado vida y se han sumado al mismo, tales como: “Ambulante” (relacionado con el cine), CENCOS A.C., Argos Comunicación, La Jornada, Jorge Ramos, etc.; pero no olvidemos que faltan más de 2 años para que termine el periodo de Gobierno Presidencial, tiempo en el cual la ciudadanía estará más que nunca al pendiente de cada decisión pública.
Cabe reflexionar que este descontento social se ha ido incrementado día con día, pues en la historia de nuestro país tenemos al primer presidente más impopular, pues solo lo avala del 23 al 29 por ciento de la población, las razones son muchas, pero la solución es más simple de lo que se aprecia, solo se requiere voluntad política antes de que el enojo e insatisfacción ciudadana siga en crecimiento y evolucione; urge que mínimo se concreten 3 acciones: a) Una reforma constitucional que avale primeramente la revocación de mandato para todo cargo de elección popular, con un procedimiento específico; b)Reformar el Sistema Nacional Anticorrupción y considerar a todos incluyendo al Presidente, como sujeto de la misma y; c) Instaurar “la segunda vuelta electoral”; estas tres directrices, en principio harían que la ciudadanía inconforme regresara la confianza a sus representantes; luego de ello deben implementarse en las Entidades Federativas para así generar una armonía legal y posteriormente aplicarse sin distingo alguno.
La solución depende de la voluntad de una clase política que debe frenar sus excesos o de lo contrario se desbordará el descontento ciudadano que obligará a los políticos a ocupar el sitio en el que deben estar, es decir, al servicio de la sociedad.


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