Morir todos los días
Vicente Quirarte es doctor en literatura mexicana; obtuvo menciones honoríficas en todos sus trabajos de grado (licenciatura, maestría y doctorado) e incluso se le otorgó la Medalla Gabino Barreda para estudios de posgrado. Ha impartido clases en universidades como su alma mater, la UNAM, pero también en Sinaloa, Guadalajara, Austin, Jerusalén y Sevilla. Con estas cartas credenciales, no queda duda de su capacidad como profesor e investigador. Ahora bien, también ha incursionado en la creación literaria; la verdad, siempre he dudado de los académicos que se creen escritores: como que la chispa literaria se ve impelida a ausentarse cuando quien empuña la pluma piensa en semiótica, narratología y cosas afines. Pero, la verdad, Quirarte es buen narrador. El gran poeta y traductor Rubén Bonifaz Nuño decía que en los cuentos de este autor concurren “el heroísmo elevado del combate, el humilde heroísmo cotidiano, las puertas misteriosas del erotismo que da forma y aniquila, la pobreza, la fatiga, la desesperanza, la vidente carga sensual de la vida, la muerte como amenaza de destrucción para lo inmediato”; y prueba de ello es su libro “Morir todos los días”.
En estos nueve relatos Quirarte enlaza personajes divergentes, bifurcados (hay incluso uno que otro con ascendencia licantrópica), pero que los une un rasgo común, rasgo que, a final de cuentas, hermana a toda la humanidad por igual: el amor. Amores contrariados, amores consumados, amores imposibles, amores póstumos… la gradación aquí no importa: el chiste está en entregarse completamente, en ser “un nuevo ser”.
Bastante ameno (se lee de una sentada) y bien estructurado; un libro que vale la pena conocer.


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