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Sálvese quien lea

El imperio perdido

 

Con seguridad, José María Pérez Gay fue el más sustancial estudioso de la literatura austrohúngara en nuestro país; tras radicar cerca de tres lustros en Alemania (donde estudió un doctorado en sociología en la Universidad Libre de Berlín), regresó a México para legarnos, gracias a ser un “traductor fino y aguerrido, a veces relampagueante pero no siempre perrunamente fiel” –como afirma Adolfo Castañón–, las obras de importantes escritores como Elías Canetti, Joseph Roth, Karl Kraus, Hans Magnus Enzensberger y Paul Celan, entre varios autores. A los tres primeros súmense Hermann Broch y Robert Musil, y se tendrá el corpus de una apasionante obra, que abreva del ensayo, la novela, la historia y el estudio biográfico para brindarnos la desoladora historia de las postrimerías del imperio austrohúngaro, influencia mayor en la bifurcación histórica de las artes y las ciencias de finales del siglo XIX y principios del XX.

La idea de escribir “El imperio perdido” le surgió a partir del curso de literatura y sociedad en Austria que impartió en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Y aquellos que vivimos fascinados por este periodo histórico se lo agradeceremos siempre: conocer, a través de las vicisitudes y desavenencias con sus mujeres, con los editores, con sus enemigos, con personajes renombrados política o socialmente, la vida y la obra de estos cinco grandes escritores; reconquistar esta “biografía de una civilización desaparecida y añorada” (de nuevo Castañón), nos salvará de la realidad para preservarnos, más aptos y lúcidos, para la vida misma.