Firmin
Una espléndida y apasionante apología del bibliófilo: tal podríamos definir la novela “Firmin”, de Sam Savage; no en balde la escritora Donna Leon dijo que éste era “un libro para lectores, es decir, para gente que siente pasión por los libros y para quienes los libros son tan reales como cualquier otra cosa de la vida. Más reales, quizá”. La obra estuvo entre grandes listas de adoradores de la lectura, como Barnes & Noble, la Cooperativa Literaria “Read This!”, y es libro destacado de la Asociación Americana de Libreros.
Firmin, una ratilla venida la mundo en el sótano de una librería bostoniana de los sesenta, ha descubierto que, a través de la manducación del papel impreso, ha aprendido a leer. Y “devora” cientos de libros, con lo que le aflora un sentido “humanitario” en el más alto concepto. Separado de su familia, conoce el mundo a través de los ojos del librero y de un escribidor parroquiano de la librería.
El libro es muy ameno: se reviste de grandes dosis de humor y pena, de serenidad y emotividad. Es una excelente opción para aquellos que buscan descubrir en sí mismos la veta bibliófila, sean párvulos o ancianos, académicos o autodidactos. “Una estupenda fábula sobre los poderes transformadores, prodigiosos, de la literatura, y sobre los efectos que produce el haber crecido devorando libros: sensibilidad, poder de observación, sentido del humor, inteligencia y humanidad. Es excelente”, dice Justo Navarro y, aunque no creo posible considerarlo una obra maestra, es suficientemente bueno para recomendarlo sin desfachatez.


Síguenos