Querido Diego, te abraza Quiela
El papel que Elena Poniatowska ha profesado en el periodismo mexicano es incuantificable: desde la plañidera y eficaz crónica “La noche de Tlatelolco” hasta su retrato minucioso y puntilloso de algunas “grandes excéntricas mexicanas”, como apunta Domínguez Michael, en “Las siete cabritas”, no podemos dejar de reconocer su labor informativa feraz y veraz. No obstante, su oficio de narradora nomás no acaba de gustarme: hace muchos años (cuando era puberto y luego, cuando universitario) intenté leer “Hasta no verte, Jesús mío”: no pude pasar de las primeras páginas. Ahora llegó a mis manos “Querido Diego, te abraza Quiela”, novela breve en donde Poniatowska plasma, a través de este relato epistolar, el periodo posbélico en el que Angelina Beloff, mujer exiliada de Rusia, pintora de notables recursos, quien fuera pareja y compañera de Diego Rivera durante diez años, reside en París. El muralista ya no está con ella, sin embargo, pues ha regresado a México, y Angelina (Quiela) no lo ha podido seguir.
Las ficticias cartas de Beloff retratan una pasión contenida, que le carcome las entrañas, por un hombre que la ha abandonado, que apenas contesta sus misivas y que ha encontrado en brazos de una coterránea una nueva pareja sentimental.
Sin grandes pretensiones, Poniatowska nos revela un corazón a la vez frágil y tozudo, que se escinde entre su pasión amorosa y su pasión creadora. Libro ameno, sin llegar a cristalizar como una obra maestra (y mucho menos como un texto sobresaliente de quien fuera, injustamente digo yo, merecedora del Cervantes del presente año).


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