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Sálvese quien lea

Manon Lescaut

 

Si compositores como Puccini y Massenet ocupan tu texto para elaborar sendas aclamadas óperas, y Alexander Dumas hijo retoma y reinterpreta tu heroína para hacer su novela más conocida (“La dama de las camelias”, a su vez incautada por Verdi para su famosísima “Traviatta”), quiere decir que hiciste un buen trabajo: Antoine Francois Prévost, mejor conocido por su nombramiento eclesiástico: abate Prévost, gran novelista, historiador y traductor francés, nos donó una obra memorable, cuyo valioso caudal nos remite al espíritu de una época: el “inquieto y contradictorio” siglo XVIII.

Narrada al inicio como parte de las memorias de Prévost, el autor sede más tarde la voz al caballero Des Grieux, a quien conoce mientras escolta al carruaje que lleva presa a una adorable criatura, bella como ninguna: Manon Lescaut. Tras ayudarlo en estos menesteres, Des Grieux le queda muy agradecido y, meses después, al reencontrarlo, le relata la tormentosa historia en torno de su encuentro y tórrido romance con la excelsa mujer en cuestión.

Una obra que da cuenta de los cambios y las renovaciones gestados en la Europa posrenacentista: la sociedad modifica sus estándares morales para conceder mayor valor a la ética de los individuos, así como la reelaboración del amor como la pasión más antigua y más poderosa del ser, que gobierna más allá de “la razón, la virtud y el deber”. Amén de, obviamente, ser una narración muy amena, envolvente, que consigue atraparnos desde las primeras páginas. Muy recomendable, en particular para aquellos cuyo amor supera su raciocinio.