Bola de sebo
Otro gran cuentista universal es Guy de Maupassant; sus relatos son reconocidos como “la cumbre del género en lengua francesa”. Y, de entre todos, destaca “Bola de sebo”, la historia de la robusta sexoservidora que nomás no queda bien con nadie.
“Bola de sebo” significaría la consagración de Maupassant, pues fue elegido por Émile Zola (quien consideró “casi perfecto” este cuento) para el volumen colectivo “Les soirées de Médan” –famosa antología del naturalismo–, publicado en 1880. La historia nos encuentra a finales del siglo XIX, cuando Prusia invadió Francia. Un grupo de personajes de variopinta clase se acomoda en un carruaje, para realizar un viaje. Entre ellos va la cortesana conocida como Bola de Sebo (por su rolliza constitución), que todos parecen despreciar. Al llegar a un “retén”, se les informa que no podrán continuar su marcha a menos que Bola de Sebo acceda a practicar su antiguo oficio con el superior a cargo. Ella se rehúsa, pero todos le suplican haga el sacrificio por el bienestar colectivo. Ella al fin acepta y, cuando reemprenden el viaje, todos sienten repulsión por la mujer vejada. Un verdadero “acto de hipocresía”, donde la “gente bien”, siempre presta a exigir y suplicar, a despreciar y a confiar a su entera satisfacción, demuestra la mezquindad, el oportunismo y la hipócrita “moralidad” de su casta.
El gran Flaubert, amigo de Maupassant, calificó a “Bola de sebo” como “una obra maestra destinada a durar”: un cuento que figura entre lo mejor jamás escrito.


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