Cuentos memorables según Borges
Doce aljófares, doce labrantíos sembrados con lo más selecto de la literatura, doce majestuosos relatos: el 26 de julio de 1935, la revista “El Hogar” solicitó a Jorge Luis Borges la elección del relato más memorable que había leído. Este gran autor argentino eligió “Donde su fuego nunca se apaga” de May Sinclair, al tiempo que mencionaba otros once. Alfaguara preparó así una antología que reuniera la docena de joyas para legarnos un magnífico libro, con historias que emulan lo más notable de la literatura universal.
“No sé si soy un buen escritor; creo ser un excelente lector o, en todo caso, un sensible y agradecido lector”. La frase borgiana, ya de todos conocida, se nos revela, gracias a este libro, certera y apasionante, pues la antología no tiene desperdicio: el relato de Poe es cautivante, el de O’Henry es conmovedor (sin ser cursi); los dos de Rudyard Kipling son “una breve y suficiente obra maestra”, al decir del propio Borges; “La pata de mono”, de W.W. Jacobs, es sobrecogedoramente aterrador; los extraídos de “Las mil y una noches” y “El conde Lucanor” –del Infante don Juan Manuel– siguen teniendo una vigencia acusadamente colosal. Y ni qué decir de los relatos de Sinclair, de Francis Bret Harte, de Conrad o de Maupassant: falta discurso para definirlos.
La edición, publicada 25 años después de la muerte de Borges, nos legó un puñado de lo mejor, lo más grande, lo más alto de las letras mundiales. Una obra que resultaría ignominioso perderse.


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