Mil grullas
Perteneciente a la “Escuela Shinkankaku”, Yasunari Kawabata permanece como uno de los más grandes y gratos escritores nipones de la pasada centuria (ya lo he reseñado en estas páginas, pero la realidad es que no me canso de leerlo y releerlo). Y, en esta ocasión, quisiera hablar de su novela “Mil grullas”, un excelente relato en donde explora “la fuerza del deseo y del remordimiento, y la sensualidad de la nostalgia”.
Kikuji, un joven que se ve envuelto en la “trama erótica” provocada por su padre (quien tuvo a diversas mujeres, que hoy en día persiguen a Kikuji), la cual implica deseo y seducción, pero también muerte y desolación.
La obra de Kawabata estuvo siempre permeada por lo que denominaba “el inútil esfuerzo”: la imposibilidad de alcanzar la belleza, el arrojo infructuoso por lograr asir y aprehender la imponente majestuosidad de todo lo que nos rodea, simplemente con los garabatos que llamamos escritura. No obstante, toda su obra es, sin duda, un verdadero portento de calidad y profundidad humanas: como dice Amalia Sato, “en la noción de estructura novelística que Kawabata trabajaba, los incidentes eran más importantes que las conclusiones, y por eso lo más rico de la novela son los diálogos. Muchos compararon sus desarrollos con los de lentas obras de teatro ‘noh’: pues su placer eran los tiempos morosos que los plazos de entrega a las revistas le permitían; como en los versos encadenados, era la serie lo que le interesaba. Sus finales suelen ser vertiginosos, como en ésta…”, y ya no continúo para no echar a perder el final. Simplemente, concluir que no hay desperdicio en la lectura de Kawabata; imposible permanecer impasible con sus historias.



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