Sálvese quien lea

Los geranios y la nieve Los personajes que pueblan las páginas de “Los geranios y la nieve” son una fauna tan variopinta y disímil, tan heterodoxa y compleja que basta con enumerar algunos personajes para caer cautivo: un hombre, un “vengador anónimo” que va asesinando a lacras sociales a diestra y siniestra, y que firma sus homicidios como Deerhunter –nombre de la banda de Bradfor Cox–; un periodista que pretende revelar al autor de los asesinatos; un pederasta que usa un disfraz de conejo de pascua, o un jefe de policía matlatzinca incapaz y poco interesado en resolver los crímenes
mayo 14, 2016

Los geranios y la nieve

Los personajes que pueblan las páginas de “Los geranios y la nieve” son una fauna tan variopinta y disímil, tan heterodoxa y compleja que basta con enumerar algunos personajes para caer cautivo: un hombre, un “vengador anónimo” que va asesinando a lacras sociales a diestra y siniestra, y que firma sus homicidios como Deerhunter –nombre de la banda de Bradfor Cox–; un periodista que pretende revelar al autor de los asesinatos; un pederasta que usa un disfraz de conejo de pascua, o un jefe de policía matlatzinca incapaz y poco interesado en resolver los crímenes que aquejan a Toluca –y mucho menos sacrificarse para apaciguar a Coltzin–. Alonso Guzmán, su autor, retrata una ciudad viciada, olvidada por los políticos y ceñida por el timorato desinterés de sus habitantes.

A ratos poética, a ratos escatológica, la narración de Alonso Guzmán es veloz y directa, cual escopetazo a bocajarro. Como bien apunta Sergio Ernesto Ríos, “El pastiche va hacia la música, el porno, la historia y la poesía. La escatología se mezcla con placer entre vapores y escarceos seminales. Alberto Chimal alguna vez me prometió una novelita pornosadomasopunk ambientada en Toluca; caminábamos por Hidalgo, entre Bravo y Villada, señalaba edificios, locaciones. Al día de hoy no la he leído. Hoy sé que esa novela se llama ‘Los geranios y la nieve’, sólo que la escribió Alonso”.

Conocí a Alonso mientras estudiamos la Licenciatura en Letras Latinoamericanas de la UAEM; locochón, irreverente, siempre lo consideramos –mis compañeros y yo– como una excelente propuesta para la escritura. Y con “Los geranios y la nieve” me lo ha comprobado

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