Aunque la novela más celebrada de Edith Wharton es “La edad de la inocencia” –con la que se convirtió en la primera mujer en obtener el Premio Pulitzer–, hay mucho de su destaca producción literaria que vale la pena resaltar; tal es el caso de la novela corta “Ethan Frome”, de 1911.
Esta narración conlleva una “historia dentro de una historia”: al pueblo ficticio de Starkfield (pero que es posible interpretar como Nueva Inglaterra) llega un hombre para realizar algunas diligencias; ahí conoce a Ethan Frome, un hombre encorvado y cojo, de quien sólo sabe que ha sufrido un terrible accidente y que ha padecido una gran tragedia. Intrigado, el hombre comienza a interesarse por la vida de Frome (de quien nadie le quiere hablar claro), y comienza a recrear su vida. Aquí surge la otra historia, la cual no parecerá muy novedosa: un hombre y una mujer se enamoran, mas su amor es imposible de concretarse, lo cual desencadenará un final trágico (cosa que se puede anticipar, pero la verdad es que resulta sorpresivo: nada que ver con suicidios o huidas desesperadas). Lo verdaderamente rescatable es el estilo, llano y simple, pero cargado de gran sutileza, de una finura que nos transportará a la campiña estadounidense de finales del siglo XIX.
Para los críticos, esta novela logra, “por su sencillez, una universalidad que no tienen” el resto de las obras de Wharton, cuyos ambientes metropolitanos buscan hacer un más preciso retrato de la alta sociedad, mientras “Ethan Frome” nos presenta a personajes comunes y corrientes.


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