A tiro limpio
Un absoluto polímata: así podemos describir al novelista, ingeniero, locutor, dramaturgo, músico de jazz, poeta, traductor, escenógrafo, cantante, periodista… hasta inventor resultó el muchachito que responde al nombre de Boris Vian (aunque, a lo largo de su vida, empleó numerosos heterónimos, como Boriso Viana y Vernon Sullivan, o anagramas como Baron Visi o Brisavion… todo un estuche de monerías). “Cuando lo que se llevaba era poner la literatura al servicio de una causa, Vian ponía la suya, sin un programa, al servicio del placer de contar historias que conmovieran. Historias también comprometidas, por supuesto: con la propia literatura y con el lenguaje, al que sometió a un vivificante proceso de deconstrucción (Vian también fue patafísico) y rejuvenecimiento”, dice Manuel Rodríguez Rivero, y un perfecto ejemplo de ello fue su primera novela A tiro limpio (también traducida como “Jaleosas andadas” y “Temblor en los Andes” en otras ediciones; ya podrán imaginarse la complejidad de traducir semejante obra).
Adelfín, Serafinio, el mayor Loostiló y Antioquío son los cuatro protagonistas de esta absurda y desenfrenada historia. Todos ellos buscan un misterioso objeto: el barbarón bífido (que vayan ustedes a saber qué demonios es), lo que desatará una persecución por parajes exóticos, para conocer estrafalarios personajes, todo ello aderezado con generosas dosis de violencia y excesos.
Como se podrán imaginar, no es una novela sencilla (aunque sí es breve): el tono lúdico e irónico, amén de una estructura “sin sentido”, parecieran referir más bien una escritura bajo los efectos de alguna droga. No obstante, lo que muchos señalan como lo mejor de Vian: el humor negro, el tono irreverente y sardónico, están presentes.


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