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El planeta de los simios   Entre tantos refritos, reinicios de franquicia y adaptaciones libres y librescas de los simios dominadores del orbe, decidí que era mejor acceder a la información por medio del original, la novela que dio inicio a todo: “El planeta de los simios”, de Pierre Boulle, escrita en 1963. Una pareja hace un viaje interplanetario –cosa corriente en la época en que se desarrolla la trama– y se encuentra una botella vagando en el espacio (algo que me deja incrédulo, escéptico y patidifuso, pero sigamos) y, ¡oh, sorpresa!, dentro hay un pergamino en donde Ulises Mérou
octubre 1, 2017

El planeta de los simios

 

Entre tantos refritos, reinicios de franquicia y adaptaciones libres y librescas de los simios dominadores del orbe, decidí que era mejor acceder a la información por medio del original, la novela que dio inicio a todo: “El planeta de los simios”, de Pierre Boulle, escrita en 1963.

Una pareja hace un viaje interplanetario –cosa corriente en la época en que se desarrolla la trama– y se encuentra una botella vagando en el espacio (algo que me deja incrédulo, escéptico y patidifuso, pero sigamos) y, ¡oh, sorpresa!, dentro hay un pergamino en donde Ulises Mérou relata un viaje que realizan él, el profesor Antelle, su ayudante Levain y un chimpancé, Héctor, hacia la estrella Betelgeuse, ubicada en el Cinturón de Orión. Ahí, descubren que un planeta cercano, Soror, tiene condiciones similares a las de la Tierra, por lo que deciden explorarlo. A partir de aquí casi todo el mundo sabe –hallan visto o no la película original– lo que pasa: son capturados por changos de distintas especies, y se dan cuenta de que ellos son la “raza superior”, los “civilizados”, mientras los humanos son meros salvajes. Obviamente, tratarán de demostrar su capacidad de raciocinio.

Como obra literaria, “El planeta de los simios” es una novela bastante menor: personajes y narración simplones y lineales. Lo único verdaderamente rescatable –así como en el filme original– es el final (pero también es muy diferente del cinematográfico; no se confíen si vieron la cinta). Un relato menor, pero que al menos sirve para pasar el rato.

Curiosidades aparte, fue simpático enterarme de que Boulle es autor de otra novela adaptada por Hollywood, “El puente sobre el río Kwai”, y que fue el primer ganador de un premio Oscar (mejor guión adaptado por su simiesca obra) que no hablaba inglés. Cosas veredes.

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