La vida misma
Taibo II es una rara aproximación a la realeza literaria: sus libros siempre rozan la magnificencia, sin que devengan realmente obras maestras. No obstante, resultan entretenidas a más no poder. Como es el caso de “La vida misma”, una novela policiaca desarrollada en un imaginario pueblo norteño que, como bien dice el autor, no por ser ficticia deja de reflejar nuestra precaria realidad.
Las autoridades de Santa Ana, el ficticio poblado antes mencionado, convoca a José Daniel Fierro, un semi exitoso escritor de novelas policiacas, a que se convierta en el nuevo jefe de la policía municipal en dicha localidad. ¿La razón? Pues alguien que conoce tan bien los tejemanejes de los crímenes debe ser capaz de aplicar tanta sapiencia detectivesca en la realidad, ¿no? (y también que, al ser alguien famosón, los criminales se la pensarán dos veces antes de darle cayo y convocar una mega carambola de medios informativos y autoridades gubernamentales). Desde su arribo, comienzan a sucederse los crímenes y los asesinatos (el primero de ellos, y que desata todo el caos, el de una gringilla que quién sabe de dónde salió), y el “Jefe Fierro” nomás no acierta a descubrir las motivaciones de los homicidas, mientras los judiciales, los líderes priistas y los pistoleros de los caciques regionales se entrometen y desatan peores desencuentros.
El “Los Angeles Times” califica a “La vida misma” como “Una comedia amarga; rara vez la novela policiaca es llevada con tanta fuerza”; una buena descripción para este relato que, sin ser lo mejor de Paco Ignacio Taibo II, seguro redunda entre lo más ameno.


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