Pequeños poemas en prosa
Charles Baudelaire es una figura emblemática de la literatura universal; si bien en su tiempo fue catalogado como un atentador contra las buenas conciencias (tras la publicación de su obra cumbre, “Las flores del mal”, se le siguió un proceso por “ofensas a la moral pública y a las buenas costumbres”), hoy es indudable la influencia de su arte para la transición hacia “la modernidad”.
El también poeta Marco Antonio Campos nos refiere que este gran autor francés propuso una recomendación en sus “Diarios íntimos”: “Sé poeta, aun en prosa”. A Baudelaire se le pueden señalar muchas contradicciones y cambios de parecer, pero al menos esta sentencia la siguió siempre al pie de la letra: aun sus textos no versados están cargados de esa verecundia, de esa fuerza imaginativa y estrafalaria con la que provocó e influyó por igual a toda una generación de autores.
Prueba de lo anterior son sus “Pequeños poemas en prosa”: “En sus mejores páginas y momentos –continúa Campos– Baudelaire hilvana lo grotesco y lo trágico. Pocos, como él, para percibir el mal y darle un aspecto tan hermoso y terrible”. Medio centenar de poemas en prosa (algunos de un par de páginas, otros de apenas un párrafo) que son síntesis de la poderosa voz, de la indeleble sensualidad y la profundidad de pensamiento de una de las mentes más preclaras del siglo XIX francés. No por nada el periodista y escritor Barbey d’Aurevilly denominó a Baudelaire como “el Dante de una época decadente”.


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