CUSAEM, la empresa paraestatal de seguridad, desaparecerá como tal para convertirse totalmente en negocio privado. La decisión se ha tomado y está en proceso. Antes de su liquidación, tendrá que cubrir el adeudo millonario con ISSEMyM y no podrá seguir usando la licencia colectiva de armas de la Secretaría de Seguridad. Sus días de jauja han terminado, la mitad de sus ingresos eran por contratos de vigilancia con el gobierno federal que ha decidido cancelarlos.
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Esa policía auxiliar está podrida, la codicia de sus administradores la convirtió en refugio de delincuentes y fuerza mercenaria de la mafia. En su mejor momento -el peñato- llegó a tener ingresos anuales cercanos a 2 mil millones de pesos. Era una especie de ejército privado armado hasta los dientes al servicio del mejor postor, en contradicción total en la lucha del Estado con la delincuencia. El propio adversario en casa.
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En sus tiempos, Arturo Montiel encomendó ese negocio a su subsecretario de Seguridad, Alfonso Navarrete. Marco Antonio Torres, Ciro Mendoza y José Manuel Álvarez González, Orlando Seguel y Gerardo Castillo, son algunos de los hombres comisionados a manejar el negocio, todos, invariablemente, se hicieron ricos.
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Desde entonces y hasta la fecha, CUSAEM silenciosamente se fue privatizando, dividiéndolo en franquicias que llaman regiones. No se sabe bien cuántas hay a la fecha pero son, sin duda, más de 60, cuyos dueños son ex funcionarios del gobierno, los propios ex directores, viejos policías y ex policías y no pocos personajes priistas.
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Un dato revelador de la red de intereses económicos y políticos que se entrelazan en CUSAEM es que los escoltas que custodian a el ex presidente Peña y su familia allí están adscritos y cobran.
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La fiesta de fin de cursos del Colegio Argos, donde buena parte de los ricos y poderosos del valle Toluca envían a sus hijos a educarse, terminó el pasado fin de semana en batalla campal. Fue una golpiza tipo pandilla con sillazos y botellazos, un espectáculo vergonzoso en el que algunos estudiantes y padres de familia resultaron muy golpeados. De todos lo pendencieros uno fue notable por su grado de violencia y primitivismo, el ex jefe de la policía de Metepec, Gerardo Castillo que golpeó a quien pudo y quiso.


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