El Estado de México no tiene una crisis de gobernabilidad. Quien sostenga lo contrario, no hallará elementos objetivos para sostenerlo. Lo que sí hay, son problemas evidentes de gobernanza. El gobierno está trabado, se mueve muy lentamente, quizá por miedo o precaución frente a las nuevas relaciones del poder con la administración federal, de donde provienen, por cierto 8 de cada 10 pesos del presupuesto. La mayor debilidad del gobierno de Alfredo de Mazo, no es el “estado de ausencia” al que se refieren sus críticos -muchos de ellos de su propio partido-, sino a su notoria fatiga ideológica.
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La estrategia de mantener al gobernador a una burbuja de ambientes controlados, fuera del contacto con la gente y su realidad, es una buena parte del problema dónde se originan muchos de sus males. Tratan de cuidarlo, pero terminan haciéndole daño. Un gobernador de oficina es lo que menos necesita el Estado de México. Hay que quitarle guaruras y los corrales para contener a la prensa. Que se ensucie los zapatos y manche las manos. Le hace falta calle a del Mazo. Su equipo tiene que ayudarle a ser un buen gobernador, no un buen gerente. Es el Estado de México, no BANOBRAS.
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Aunque en casi dos años de gobierno, sus negativas son altas, el delmacismo tiene también positivas que hay que reconocerle; por ejemplo, la reducción palpable de la corrupción. No hay comparación con el obsceno pillaje del pasado reciente de Eruviel-Peña-Montiel, los Tres Amigos… de lo ajeno. La moralización de la administración pública parece que está en marcha, primero para detener el saqueo y, después, castigar y recuperar por lo menos alguna parte de lo robado. Si del Mazo hace eso, su mandato estará absolutamente legitimado.
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No es por amarrar navajas, pero en la llamada sociedad política lo que mas se dice es que el senador priísta Eruviel Avila es uno de los personajes que alientan la idea de un relevo en la gubernatura pasando septiembre. Quienes así lo afirman no tienen forma alguna de sostener su dicho, pero lo propagan con una vehemencia contagiosa. En su argumento, estrictamente de saliva, hablan del distanciamiento entre Alfredo y Eruviel después de paliza electoral en las elecciones del 18. Lo único comprobable, es que Eruviel casi no se para por acá y la última vez que lo hizo, fue para tomarse fotos con sus amigos de MORENA.
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A pesar de los señalamientos en su contra, que por cierto no han derivado en denuncia formal alguna, el ex secretario de Salud, César Gómez Monge, hace su vida con toda normalidad. Es común verle acompañado de su familia en la zona de restaurantes de Interlomas. Quien quiera encontrarlo, que se vaya a Huixquilucan. Eso de que está prófugo, es una verdadera vacilada… ¿o canallada?
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