El culebrón legislativo del presupuesto 2022 tendrá un final feliz. No hay forma de que no sea así. La propia ley prevé los mecanismos para que nadie tenga el poder de dejar al Estado de México sin el principal instrumento de política pública. En el supuesto de que no hubiera consenso entre los diputados para aprobar la propuesta enviada por el Poder Ejecutivo quedará vigente el anterior, pero de que habrá dinero para los haberes y obligaciones, lo habrá.
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La manzana de la discordia entre las fuerzas políticas que convergen en la Cámara está en la deuda pública. La coalición “Va Por el Estado de México”, que integran PRI, PAN y PRD, tienen mayoría simple. Suficiente para sacar adelante el proyecto y dejar pendiente la contratación de más créditos, porque para eso se requiere mayoría calificada y por tanto el aval de Morena.
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También es falsa la supuesta catástrofe financiera que provocaría no autorizar la contratación de más deuda pública. El gobierno tiene espacio suficiente de maniobra para ahorrar. Es posible un ajuste al capítulo 1000 —servicios personales—, que en 2021 presupuestó 138 mil 936 millones o en los 16 mil 290 millones calculados para materiales y suministros o en los 30 mil 603 millones de pesos para servicios generales. El gasto de operación del gobierno es gigante y puede reducirlo con un buen plan de austeridad. No será el escenario ideal, pero tampoco el Armagedón.
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Todos deben serenarse, sobre todo los exagerados, por cierto, poco acostumbrados a que no se haga la voluntad del gobernador en turno, que ven en la negativa de los diputados de Morena el Waterloo de Alfredo del Mazo. ¡Vaya espantajo!
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Honor a quien honor merece. Enrique Vargas, en su calidad de coordinador de los diputados del PAN, propuso desde diciembre que se aprobara el presupuesto y se dejara para posterior, quizá febrero o marzo, la discusión de la deuda. El tiempo le dará la razón, a final de cuentas así será.
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Quienes quisieran quemar en leña verde a los legisladores de Morena, se equivocan. Su intolerancia a la diferencia es inaceptable. Durante décadas el Poder Ejecutivo hizo lo que quiso con el presupuesto. Ojalá los tiempos de los diputados súbditos haya terminado y se defienda el interés general siempre en la asamblea legislativa. Solo el tiempo lo dirá.



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