Si Peña cae, caen todos. La clase política del Estado de México podría caer como un castillo de naipes. Casi 80 años después de que tomaron el poder, esta es la primera ocasión en que realmente está en riesgo su control, su continuidad. Lo que ningún partido político ha podido hacer, podría lograrlo la movilización ciudadana. Eruviel está en shock, paralizado por el pánico, sabe que un paso más en falso y podría dar el empujón final al despeñadero.
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Ríos de dinero público son malversados para financiamiento de la estrategia electorera del grupo en el poder. El líder de los diputados locales priístas, el ex panista Aarón Urbina, es el encargado del trabajo sucio. Formado en la escuela de la corrupción, Aarón es el encargado de fondear a los operadores electorales, que tienen como principal premisa mantener en el poder a los grupos del valle de México. Con tantito que se rascara, saldría pus.
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Alfredo Torres, el mentor político de Eruviel, que cobra como secretario de Desarrollo Urbano del gobierno del estado, es quien ha protegido hasta ahora al perredista alcalde de Ixtapan de la Sal, Ignacio Ávila, bajo sospecha de nexos con el narcotráfico, particularmente con el grupo “Guerreros Unidos”, señalado como responsable de la desaparición de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa. Torres y Ávila hicieron muy buenas migas desde que el mentor de Eruviel llegó como responsable político a Ixtapan de la Sal. Todo es un cochinero.
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Los secretarios del gabinete, que cobran sus quincenas completitas, están más dedicados al trabajo electoral que al gobierno. Tienen convertida a la administración pública estatal en la oficina matriz del PRI. Bien pudieran ser acusados por delitos electorales.
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Y mientras todos hacen lo que quieren, la pregunta es ¿dónde está la autoridad electoral?, ¿para que sirve el mentado nuevo INE y sus OPLES? Todo cambió para seguir igual… o peor.


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