La remodelación de la Alameda, la modernización de la Plaza Fray Andrés de Castro, la recuperación del Teatro Morelos y el nuevo complejo comercial “Paseo El Molino”, devolverá al centro de Toluca su calidad de corazón de la capital. Para ponerlo en perspectiva, está claro que la intención es hacer el equivalente de lo que La Condesa es para los chilangos. Ya nada más faltaría devolver su dignidad a Los Portales lastimosamente degradado a zona de vendimia.
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Pian, pianito, Martha Hilda está enderezando el barco. Tuvo un muy primer año de gobierno, plagado de pifias y dislates. En el segundo empezó a corregir el curso y, en este último y tercero, parece que sino se equivoca, podría cerrar como los caballos cuarto milla. La alcaldesa de Toluca tiene ante sí la oportunidad de reivindicarse frente a sus gobernados. Ojalá así sea por bien de Toluca la bella.
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Y si de hacer que las cosas se vean bonitas, pocos le ganan a la alcaldesa de Metepec quien en verdad enchuló al municipio con su jardín lineal que alegra la vista a los miles de personas que por allí se desplazan todos los días. No hay que regatearle reconocimiento, allí hizo las cosas muy bien, aunque sus detractores no se cansen de descalificar como una obra de ornato. Peor sería nada.
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Nadie podría oponerse a que Eruviel reparta sillas de ruedas, despensas, zapatos, lentes y hasta dinero entre los más pobres, que en este Estado son la mayoría. Que gaste de 5 mil millones de pesos al año en programas que tienen más características de asistencialismo que de asistencia social, que obvio no es lo mismo, ya de suyo es malo, pero se hace peor cuando no hay ninguna política pública vigente que combata de fondo la pobreza y la desigualdad. Si Eruviel invirtiera más en proyectos productivos y menos en dádivas, las cosas sería distintas. La gente no necesita limosnas para salir de pobre, requiere de trabajo.


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