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Se dice que

Ana Lilia es más cercana al grupo peñista de tecnócratas neoliberales derrotados como Videgaray, Meade y Nuño

Ana Lilia quiere ser gobernadora… ¿Y quién no? La diputada cree que los 106 mil votos que obtuvo en la elección anterior la colocan en posición competitiva, pero le faltarían al menos 2.5 millones más para acariciar su sueño. Se declara lista para ser gobernadora, pero no explica por qué lo cree. Sí, ha sido secretaria de Desarrollo Social, de Educación, alcaldesa, diputada local, senadora y dos veces diputada federal, pero olvida que lo que importa no es el encargo sino sus resultados.

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Es muy positivo que quienes anhelan el poder lo confiesen abiertamente. Visibilizar su aspiración es buen ejercicio de transparencia y posibilita que el potencial elector los conozca hurgando en su pasado, que es lo que verdaderamente los define. Saber quién es, por qué quiere el poder y para qué, es el más eficaz antídoto a la chapucería.

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Ana no es la favorita de Alfredo del Mazo, tampoco de “Alito” Moreno. Ella es más cercana al grupo peñista de tecnócratas neoliberales derrotados como Videgaray, Meade y Nuño. Montiel y Eruviel le han cobijado durante buena parte de su carrera política.

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Hay quienes la consideran “indisciplinada” y hasta “desleal” por no correr la cortesía de avisar al gobernador del Mazo, al líder nacional de su partido, Alejandro Moreno, y menos al presidente estatal del PRI, Erick Sevilla, sobre su auto destape. Ana rompió una regla de oro de la antidemocracia de su partido. Hizo bien.

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Hoy, las posibilidades reales de que Ana Lilia sea la candidata del PRI o de la alianza “Va por el Estado de México” —si es que se refrenda— son muy pocas, quizá 1 de 10. Ganas no le faltan ni experiencia, es lo que llaman capital político, respaldo arriba y abajo. Pero ya se verá.

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Jueves de Conversatorio AD con el acalde de Coacalco, David Sánchez Isidoro. Empezamos a la 7 de la noche, no lo olviden.