El presidente la trae chueca. No termina de salir de un problema cuando otro le cae encima. Si lo de la Casa Blanca le resultó carísimo, lo de HIGA mas, y lo de OHL aún peor, pues allí viene otro escándalo, ahora relacionado con los contratos que se han asignado a la comercializadora de su cuñado, Felipe Casahonda Cortes, esposo de su hermana menor, Ana Cecilia.
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Su otro cuñado, el mellizo Juan José Chimal Velasco, casado con Verónica, también será objeto de señalamientos, no por su éxito económico que también es ostensible, sino porque los sistemas de inteligencia del Estado lo han pillado usando una identificación oficial falsa en la que usa el nombre de “Adrián”. El asunto no es menor, lo asociarán con el caso de Raúl Salinas, quien tenía un pasaporte falso a nombre de “Juan Guillermo Gómez”. Ahora hasta con eso tendrá que cargar el vilipendiado presidente quien ya no ve lo duro sino lo tupido.
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Las cosas entre el secretario de Gobernación, Miguel Osorio Chong y su todopoderoso subsecretario, Luis Miranda, no están nada bien. En su circulo cercano hay quien afirma que el rompimiento es inminente y que no será precisamente un final feliz. El problema, comentan, tiene origen en la conducta del compadre presidencial, nunca pide autorización para actuar, solo avisa lo que ya hizo. ¿Será?
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Origen es destino. No es descabellada la observación de cómo algunos personajes del grupo que perdió la sucesión en 2005, volverán a intentarlo en 2017, quien sabe si juntos o cada uno por su lado, pero allí están, bastaría con revisar los nombres de entonces para identificarlos.
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Muy poco se les nombra, pero también tienen su corazoncito. Hay que estar atentos del retorno a su tierra de dos personajes, Ricardo Aguilar y Héctor Velasco Monroy. Ambos también quieren y lo van a intentar. Están en su derecho.



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