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Se dice que

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Se dice que

Se equivocan quienes argumentaban la cuota de género como elemento que asegura la candidatura de Morena para la maestra Delfina

La temperatura política aumenta aceleradamente en el Estado de México. La principal ocupación política es electoral. La sucesión, el tema recurrente de conversación, abordado ciertamente desde una perspectiva muy superficial, la de atinar el nombre de los candidatos. Pocos se detienen a analizar sobre qué es lo que quiere la gente, no se ocupan de interpretar los sentimientos de pueblo, están más en el empeño de imponerles una idea, un modelo. Las formas no han cambiado, son muy parecidas a las de 2017.

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Se ha reflexionado muy poco de forma seria y profunda sobre las razones del éxito de la alianza electoral PRI-PAN-PRD en 2021, en el Estado de México. El adversario cuenta, es la regla básica de la competencia, las más dolorosas derrotas de Morena en el 2021 fueron en posiciones controladas por Higinio Martínez y su círculo. La alianza –si es que se concreta– estaría encantada ensanchando sus posibilidades de triunfo teniendo enfrente como rival-real o simulado- a Higinio Martínez. Por eso, no será.

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Enrique Vargas y Ana Lilia no solo tienen una magnifica relación personal, también comparten apoyos políticos financieros. Sí, no son pocos los personajes de la élite que ven con muy buenos ojos a cualquiera de los dos como candidatos de la alianza, prácticamente les da lo mismo si es ella o él. Pero si no logra la colación de los partidos, también estarían felices con Ana por el PRI y Enrique por el PAN, jugarían con las dos opciones.

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Se equivocan quienes argumentaban la cuota de género como elemento que asegura la candidatura de Morena para la maestra Delfina. No, no será así. No tiene tal ventaja. El más feliz con esa precisión es, por supuesto, Horacio Duarte. Es obvio que le beneficia. La maestra se mantiene serena, sin demostrar emociones.

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Oscar González representa para MORENA y la 4T un lastre en el Estado de México. Su desprestigio es tan lastimoso que lo coloca en la penosa posición de apestado político. Nadie quiere reunirse públicamente con él, menos fotografiarse. El negocio de rentabilizar el logotipo de PT está por terminar.