Se dice que…

En el mundillo de la clase política se repite una y otra vez lo que bien podría llamarse “la teoría de la traición” o “sálvese quien pueda”, que explica –con razonamientos lógicos a partir de la observación de los hechos– por qué es posible que el peñismo tenga a Josefina como una de sus opciones y el eruvielismo a Delfina. Eruviel, argumentan los sabiondos, podría negociar con Morena para garantizar su seguridad jurídica, independizarse del grupo que lo somete y trata como empleado, y convertirse en 2018 en una figura política nacional con AMLO en la presidencia. El PAN –recuerden–
marzo 1, 2017

En el mundillo de la clase política se repite una y otra vez lo que bien podría llamarse “la teoría de la traición” o “sálvese quien pueda”, que explica –con razonamientos lógicos a partir de la observación de los hechos– por qué es posible que el peñismo tenga a Josefina como una de sus opciones y el eruvielismo a Delfina. Eruviel, argumentan los sabiondos, podría negociar con Morena para garantizar su seguridad jurídica, independizarse del grupo que lo somete y trata como empleado, y convertirse en 2018 en una figura política nacional con AMLO en la presidencia. El PAN –recuerden– ha sido el aliado histórico del peñismo; su sociedad ha dejado más migajas en el camino que Hänsel y Gretel. Peña ayudó a Calderón a ganar la presidencia y seis años después Calderón le devolvió el favor; la empresa que siempre los ha unido es frenar a López Obrador, por eso no sería una sorpresa sentar a Josefina en la Casa Estado de México para, en 2018, impulsar desde aquí, con dinero y votos, a Anaya hacia Los Pinos. Al menos eso es lo que se platica, se conjetura, en las mesas de los políticos.

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Hugo, Paco y Luis –como jocosamente se refieren en el PRI estatal a los tres enviados de Eruviel dizque para reforzar la campaña– nomás no embonan en el esquema, en las ideas y en la confianza del primer equipo de Alfredo del Mazo. Raymundo, Erasto y Carlos son vistos con recelo. Definitivamente, las cosas no están bien con ellos: aunque en público les sonrían y abracen, en privado los detestan.

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Según los teóricos, hay dos noticias para el PRI sobre los comicios de junio: una buena y una mala. La buena, que aún no está pérdida la elección, pues será una de votantes “switchers”; es decir, de aquellos indecisos que pueden inclinarse hacia un lado u otro hasta por su estado de ánimo o por el clima. La mala, que las opciones de esos switchers –que se calculan en casi cinco millones–son votar por Delfina o por Josefina. ¡Pum!

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Los especialistas también advierten la presencia de un volumen extraordinario de votantes “swingers”: así se refieren a aquellos que tienen militancia y sentido de pertenencia partidista (que han sido favorecidos con salarios, empleos o alguna canonjía del sistema) y a aquellos beneficiarios de los programas sociales de corte populista pero que, a pesar de todo ello, votarán por otra opción. Prevén que muchos priístas de arriba, acarreados o comelonches –como peyorativamente les llaman– den la espalda a su partido en la soledad de la urna.

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Mil desprestigios juntos no hacen un prestigio único. La maestra Delfina, desde el punto de vista de la táctica y la estrategia política, hace lo correcto rodeándose de soldados del sistema, como el eterno administrador del dinero del Poder Legislativo local, Jaime Adán Carbajal; pero, desde el punto de vista moral y de congruencia, es un despropósito que pega en la credibilidad de la segura candidata de Morena (a la que por cierto ya le hicieron su “fashion emergency”). El valor de Adán no es la cantidad de votos que puede arrimar, sino dinero –que tiene mucho– y, en especial, información delicada, confidencial, sobre el sistema que reunió durante años.

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