Se dice que…

Josefina no emociona. Es una mujer preparada y de gran experiencia, pero no logra conectar con los electores del Estado de México. Los alcances de su campaña parecen desastrosos a la luz de los resultados de las encuestas. Pasó del primer lugar, con 33 por ciento de las preferencias –según “El Financiero” del 26 de agosto de 2016–, al tercer lugar, con apenas 14 puntos –de acuerdo con “El Universal” del lunes 10 de abril–. Se desinfló; pasó de favorita a colera. De seguir la tendencia, hasta Juan Zepeda del PRD la va a rebasar. * Los maloras se refieren
abril 10, 2017

Josefina no emociona. Es una mujer preparada y de gran experiencia, pero no logra conectar con los electores del Estado de México. Los alcances de su campaña parecen desastrosos a la luz de los resultados de las encuestas. Pasó del primer lugar, con 33 por ciento de las preferencias –según “El Financiero” del 26 de agosto de 2016–, al tercer lugar, con apenas 14 puntos –de acuerdo con “El Universal” del lunes 10 de abril–. Se desinfló; pasó de favorita a colera. De seguir la tendencia, hasta Juan Zepeda del PRD la va a rebasar.

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Los maloras se refieren a la candidata del PAN como “Morfina” Vázquez Mota, por esa personalidad anticlimática. Transmite muy poco, o de plano nada. Los electores en el Estado de México, como en el resto del país, son mayoritariamente emocionales, pero la panista es un hielo. No importa qué tan buenas sean sus propuestas, a la gente no le llegan.

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Pero ése no es su único problema, padece otro igual o peor: los cuadros dirigentes locales le están haciendo vacío, igualito como hicieron perder en la elección pasada a Luis Felipe Bravo Mena. Dicen que hacen, pero no hacen nada. Están en huelga, de brazos caídos. Ulises Ramírez no mueve un dedo por ella (y si lo hace, es en contra). Josefina intentó desplazar a los panistas mexiquenses con cuadros nacionales, pero es obvio que la apuesta le ha fallado, al menos hasta hoy. Urge que reoriente su campaña o seguirá hundiéndose.

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Ahora sí, ni a cuál irle: tan populista uno como las otras. La condescendencia de los candidatos para acarrearse simpatías es francamente irritante. Del Mazo y su “salario rosa” (que no sabe ni cuánto costará ni de dónde sacará los recursos para pagarlo) es equiparable a los 10 mil nuevos empleos mensuales que promete Josefina, o las 40 universidades de Delfina. Están dando atole con el dedo a los ciudadanos con tal de que voten por ellos.

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En sus mejores tiempos Tomás Yarrington fue un hombre con influencia e intereses en el Estado de México. Su dinero arribaba en grandes cantidades para financiar proyectos políticos y empresariales durante el mandato de Arturo Montiel. De Tamaulipas llegaron personajes de dudosa reputación que se incrustaron en el sistema estatal de seguridad y justicia, donde operaron con toda libertad. El eje Matamoros-Toluca era bien conocido por los personajes de la elite de aquel entonces. Hoy, con la caída de Yarrington, habrá quien no pueda dormir tranquilo en estas tierras que desea gobernar Alfredo del Mazo.

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El nombre de Francisco Javier Sarmiento es repetido una y otra vez como el probable responsable de muchos de los desatinos de la campaña de Alfredo del Mazo, para quien ha trabajado desde hace tiempo (razón por la cual ocupa un asiento en el War Room del candidato priista). “El rompeacuerdos” le llaman sibilinamente: todo modifica en nombre del candidato; es más inestable que un borracho en cuerda floja, ironizan. ¿Será? 

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