Una de las pocas calles que tenía Toluca en buen estado era la recta y ancha avenida Independencia, justo allí donde se domicilia el gobierno municipal. Los vecinos todavía recuerdan el suplicio del año pasado (fueron meses) por las obras para reponer la cinta asfáltica. Pero, por alguna incomprensible razón –quizá solamente asociada a los tiempos electorales actuales–, alguien tuvo la iniciativa de volver a levantar el encarpetado y sustituirlo; innecesario, absurdo. Los mal pensados podrán pensar que alguien está haciendo un negocio o intenta justificar gastos. Esperemos que el ayuntamiento dé una explicación.
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En Metepec pasa algo muy similar: un día destrozan una calle y otro día otra, como si no hubiera mejores cosas que hacer, como optimizar los sistemas de saneamiento, alumbrado público, drenaje o como pavimentar todas esas calles aún de terracería. Es absurdo el gasto que están haciendo en Leona Vicario: obras de ornato, de relumbrón, para cuadrar las cuentas en la tesorería. Malo, malo, malísimo que ha resultado el junior David López como alcalde –quien, en el colmo de su cinismo, pretende reelegirse–. ¡Ay, criaturón!
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La que prácticamente ha desaparecido de la escena pública es la secretaria de Educación, Ana Lilia Herrera, quien poco a poco se ha eclipsado desde que no logró convertirse en candidata del PRI a la gubernatura. Parece que Ana Lilia no ha recibido el trato que se merece en su partido –ni siquiera por el equipo del candidato Alfredo del Mazo–. Lo lógico sería que la hubieran sumado a la campaña, pero no, optaron por hacerle vacío. Ya se verá en junio si la necesitaban o no.
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Detrás del presidente Peña, ocupando el segundo lugar en cuanto a personajes políticos más desprestigiados y antipopulares se ubica el diputado César Camacho, que va de desatino en desatino. Parece que con los años se ha vuelto más autoritario, ambicioso y egocéntrico. Sus declaraciones públicas son de diván. ¡Houston, lo hemos perdido! Camacho siempre tuvo talento, sin duda, pero ha perdido dirección. Entre sus propios compañeros es común el comentario despectivo sobre sus gustos por beber los vinos más caros en los restaurantes (con cargo al presupuesto). Es normal, critican, verle en la mesa botellas de Pétrus de más de 50 mil pesos. Su gusto por el vino lo ha perdido.
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La capacidad de gasto del candidato del PRD a la gubernatura es sorprendente. Tiene tanta o más propaganda que el mismísimo candidato del PRI; en anuncios espectaculares, le gana. Por dinero no para Juan Zepeda: no va a ganar la elección, pero su meta es llevarse 14 por ciento de los votos –o más–, cueste lo que cueste. Sus patrocinadores son anónimos hasta ahora, pero hay quien apunta hacia uno de los palacios del zócalo como la fuente de su fortuna.


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