Se dice que…

El diseño estadístico en el que están basadas todas las esperanzas de triunfo del PRI tiene como principal premisa que menos de 48 por ciento de los ciudadanos inscritos en la lista nominal salgan a votar el 4 de junio. Si la participación es superior al 60 por ciento, irremediablemente pierde. * Con su estructura electoral, el PRI cree tener asegurados alrededor de un millón 750 mil votos, suficientes para ganar, siempre y cuando la participación sea baja y se fraccione en cuartos (como se está perfilando). En ese supuesto, el PRI sería el cuarto mayor y, por tanto, ganador
mayo 2, 2017

El diseño estadístico en el que están basadas todas las esperanzas de triunfo del PRI tiene como principal premisa que menos de 48 por ciento de los ciudadanos inscritos en la lista nominal salgan a votar el 4 de junio. Si la participación es superior al 60 por ciento, irremediablemente pierde.

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Con su estructura electoral, el PRI cree tener asegurados alrededor de un millón 750 mil votos, suficientes para ganar, siempre y cuando la participación sea baja y se fraccione en cuartos (como se está perfilando). En ese supuesto, el PRI sería el cuarto mayor y, por tanto, ganador de las elecciones, con una diferencia no mayor a tres puntos sobre su más cercano competidor.

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Son matemáticas básicas: hasta enero pasado, la lista nominal de electores era de 11 millones 258 mil electores; convendría al PRI que el 4 de junio saliera a votar menos de 50 por ciento –48 por ciento es su número mágico–, que serían alrededor de cinco millones 405 mil votos. Divididos entre cuatro competidores: PRI, Morena, PAN y PRD –así se explica el mágico crecimiento de Juan Zepeda–, tocaría en promedio a cada uno un millón 350 mil votos (pero el PRI cree tener garantizados, con su estructura electoral, un millón 750: suficientes para ganar). Ése es el diseño.

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Pero todo se le complicaría si ese día la gente sale a votar y la participación supera 60 por ciento (que representaría un mínimo de seis millones 754 mil votos): el PRI estaría en severos apuros y con altísimas probabilidades de perder. Mientras más gente vote, la probabilidad de que el PRI pierda se incrementa.

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En prácticamente todas las encuestas (restando el porcentaje de error promedio de cinco puntos), Del Mazo y Delfina están empatados; Josefina está en tercer lugar –y bajando–, y Juan Zepeda en cuarto –y a la alza–. Cualquier combinación de alianza es ganadora: Morena+PAN / Morena+PRD / PRD+PAN / PRI+PRD, cualquiera triunfaría. Todo depende de un acuerdo político y el estreno de la ley para un gobierno de coalición. La moneda está en el aire; lo único claro e incontrovertible es el rechazo popular al PRI.

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Será el sereno, pero Los Pinos no ha logrado tomar el control pleno de la campaña de Del Mazo y llevarla por mejor ruta. En los hechos, Alejandra de la Sota, en la comunicación política; Erasto Martínez, en los dineros; Raymundo Martínez, con la estructura, y Carlos Aguilar, en la operación de medios de comunicación, siguen imponiéndose.

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Por el contrario, Eruviel ha logrado hacerse del control no de la campaña, sino de la elección en general. En su puño está la posibilidad o no de un acuerdo político de alianza para la transición. Eruviel tiene los hilos para influir en la oposición.

       

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