La mayoría de la gente quedó insatisfecha, con la sensación de derrota a cuestas, frustrada y, no poca, muy enojada. Sí, la mayoría no va a quedar contenta con Del Mazo, pues siete de cada diez votaron en su contra. Pero lo mismo sería para Delfina. Gane quien gane, lo hará con una minoría muy pequeña. La legitimidad del triunfador está en entredicho.
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Ciertamente, en un sector mayoritario de la sociedad hay desánimo, pero después del domingo la vida en la calle es de aparente normalidad. La gente salió a trabajar; los niños, al colegio; comercios, fábricas y oficinas abrieron como todos los días. Todo caminó –por conductismo, pero caminó–. Más allá de las redes sociales, no han habido mayores protestas. Sólo en las elites políticas hay desazón o euforia… al menos hasta este miércoles.
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Si la gente verdaderamente quería un cambio, no hizo lo suficiente –aunque menos hicieron, desde luego, los líderes de los partidos políticos que, en su mayoría, son mezquinos, corruptos e incapaces–. No hubo un solo liderazgo que uniera a la gente alrededor de una propuesta de valor general. Fallaron una vez más los ciudadanos, que quedarán a merced de un gobierno formado a partir de los intereses de un grupo, no de las demandas sociales. Fallaron las instituciones electorales, que no dieron certeza, confianza ni credibilidad al proceso. Fallaron los partidos, reducidos a clanes, a negocios particulares. Falló la mayoría de los medios de comunicación, por ignorantes, manipulables, vendidos o francamente ineptos.
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El PRI hizo lo que tenía que hacer para ganar. Podrá enfurecer su fórmula por inescrupulosa, retorcida y sucia, pero que termina siendo –en este sistema y con esta sociedad– eficaz. En la guerra, en el amor y en las elecciones todo se vale, dirán los priistas. Están a un tris de lograr quedarse seis años más en el poder, y de cara a una elección presidencial. Peña está muy bien representado por el priismo del Estado de México.
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Lo que viene es la reforma del sistema electoral. La segunda vuelta es impostergable para la construcción de mayorías. Las alianzas serán definitivas. En buena medida, el virtual triunfo del PRI en el Estado de México se explica por la alianza formal con Panal, Verde y Encuentro Social, y la no confesada que tuvo con el PRD. Hacia allá va todo.
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El futuro político de Eruviel y su grupo no es muy claro: de por sí –para peñistas y delmacistas– no eran santos de su devoción, y ahora que se sabe que Alfredo perdió en todos los distritos de Ecatepec, Tecamac y demás territorios controlados por ellos, pues las cosas se ven más complicadas. La única opción que le queda a Eruviel es unirse a Beltrones; en cualquier otra, no pasará de segundón.


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