Vaya contrastes: Toluca y su moderno tren a la Ciudad de México, que cruza por aguas fétidas, encharcadas, donde la gente saca a cubetadas el agua que inunda sus humildes casas; lo mismo cada año. En Texcoco se construye un aeropuerto de clase mundial que costará más de 180 mil millones de pesos, pero todo el valle de México es una laguna cada que llueve. Se inauguran puentes, autopistas, hospitales, auditorios, pero no pueden remediar el problema del drenaje. Ese es el Estado de México.
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Eruviel dejará el gobierno del Estado de México con 307 mil desempleados, de acuerdo con las cifras oficiales de junio de la Secretaría de Trabajo del gobierno federal. A lo largo de su mandato, apenas se lograron crear 300 mil empleos, menos de la mitad de los que se necesitaban y apenas una tercera parte de los que alguna vez se prometieron. Sólo 50 mil nuevas plazas por año, cuando se requieren entre 100 mil y 150 mil para hacer crecer la economía. La tasa de desempleo que heredará Eruviel a su sucesor será de cuatro por ciento, según la última medición de mayo (todavía el año pasado y el antepasado se había dicho que estaba entre 6 y 6.5 por ciento). “Es la economía, estúpidos”, diría el clásico.
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El ISSEMyM está técnicamente en quiebra por mala administración. Muy pronto no habrá dinero para pagar pensiones y servicios médico hospitalarios. Los organismos financieros internacionales y las calificadoras han prendido las alertas desde hace al menos tres años, solicitando con urgencia una reforma más (que pasará necesariamente por el aumento de cuotas y, tal vez, un recorte en prestaciones). En esta administración se actuó con indolencia, por no decir que con absoluta irresponsabilidad al respecto. Los trabajadores de la administración pública –entiéndase maestros, policías y burócratas, entre otros– serán quienes pagarán las consecuencias. Como siempre.
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Donde se prepara un necesario reacomodo, de cara a las elecciones locales del próximo año, es en el IEEM. Por razones de ley tienen que irse tres consejeros, pero pueden no ser los únicos. El actual consejo quedó muy desgastado luego de las polémicas votaciones de junio, y podrían irse todos si con eso logra distenderse la polarización política entre las tres principales fuerzas políticas. Morena y PAN están por el cambio total; falta ver cuál será la postura del PRI, que no se definirá hasta después de septiembre.
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Hace 11 años Juan Zepeda era un modesto síndico del cabildo de Nezahualcóyotl. Por alguna razón (que sólo él y sus patrocinadores saben), brincó a alcalde; después, a diputado, a coordinador de su bancada, de allí a candidato a gobernador y, ahora, a aspirante presidencial. Once años en ascenso continuo, coincidente con el ascenso del peñismo. Cuando se habla de él no se le distingue como un político de gran talla, un estadista, un intelectual, académico ni líder social; acaso un mediano operador. Juan es una especie de Maruchán de la política; sólo falta saber quién le pone el agua y lo mete al microondas.


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