Quien haya organizado el ataque al campamento que el colectivo Conciencia Crítica mantenía desde hace semanas frente a Galerías Toluca, en oposición a las obras de un nuevo acceso vehicular a la plaza, es estúpido, ocioso, perverso… o todas juntas. Si fue desde el gobierno –como acusan los agredidos–, vaya idiotez, pues ya habían resuelto el problema. Si fueron ejecutivos del centro comercial tratándose de vengar por las pérdidas económicas –como sugieren otros testimonios–, qué alarmante. Y si fue alguien desde dentro del propio grupo en resistencia para victimizarse –como se ha sugerido desde algunos sectores de la autoridad–, sería una gran decepción. Lo único incontrovertible es que un movimiento civil tan digno y efectivo pudo tener un mucho mejor final. Por el bien de todos, lo mejor que puede suceder es que el incidente sea perfectamente aclarado.
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No será muy complicado saber qué fue lo que sucedió la madrugada del martes en el campamento de Tollocan; en la zona había al menos un par de cámaras del C5 (Centro de Control, Comando, Comunicación, Cómputo y Calidad del Estado de México) vigilando permanentemente el campamento; además, están las cámaras del sistema de videovigilancia del propio centro comercial Galerías Toluca.
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Sobre la presunta participación de elementos policiacos vestidos de civil en el ataque al campamento, la testimonial de las víctimas no es la única prueba: existen algunos otros indicios que, por seguridad y miedo de los atacados, han preferido mantener en reserva hasta el momento, pero que pudieran ser documentos incontrovertibles de identidad de los atacantes.
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Muy, pero muy pocos habitantes entienden, conocen o han escuchado algo sobre el novedoso y necesario Sistema Anticorrupción, que está a punto de ponerse en marcha en el Estado de México. El tema no ha permeado en la sociedad rasa, se ha mantenido estrictamente en las elites. De poca utilidad será, si ignora a la sociedad que pretende servir. Esto es como el amor: de nada sirve si no se demuestra.
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Muy quitados de la pena se sentaron a comer hace algunos días, en uno de esos restaurantes de moda en la Ciudad de México, Germán Ávila Villegas, hermano del gobernador, y Adrián del Mazo, hermano del candidato priista a la gubernatura y virtual sucesor de Eruviel. Charla larga, mucha risa, tragos y buena comida. Estuvieron horas compartiendo, como si de dos muy buenos amigos se tratara.
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A quien no se le ve nada contento ni entusiasmado es a Ernesto Nemer, coordinador general de la campaña del candidato priista. Fuerte de carácter, intenso, algunos en el staff de Del Mazo creen que se siente incómodo, tanto como para comentar que espera regresar a la Ciudad de México. Eso es lo que dicen, pero quién sabe, estos son tiempos de intriga palaciega, de golpes bajo la mesa y de “quítate tú, que voy yo”. Veremos en septiembre.


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