Eran aproximadamente las 2:30 de la tarde del 4 de junio, y en el “Cuarto de Guerra” (War Room) del PRI todos tenían cara de angustia: las encuestas de salida advertían que Delfina Gómez llevaba una ventaja hasta de siete puntos en los municipios más grandes del valle de México; iba ganando. Fue entonces que se echó a andar el plan de emergencia: acudir a los aliados en el PAN y el PRD para empezar a operar a favor de Del Mazo, en el entendido de que sus candidatos ya no tenían ninguna posibilidad de victoria y bajo la premisa de que, si dejaban que Morena ganara en el Estado de México, sería imposible evitar el triunfo de Andrés Manuel en las presidenciales de 2018. El PRI estaba en terapia intensiva y PAN y PRD le hicieron una transfusión de votos para salvarle la vida.
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No fue una casualidad que, en Naucalpan y Huixquilucan –por citar los dos casos más representativos–, el PRI resultará con más votos que el PAN, que los gobierna y controla electoralmente. Tampoco que en todas las zonas perredistas el PRI hubiera logrado casi invariablemente el segundo o –incluso– el primer lugar. Juan Zepeda y Josefina supieron, antes de las cuatro de la tarde, que no tenían más opción que aliarse de facto al PRI para evitar que Morena ganara. Al menos media docena de testimonios de gente que operó el acuerdo así lo confirma.
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Justamente esa es la raíz del ofrecimiento que ha hecho Alfredo del Mazo al PRD y al PAN para formar un gobierno de coalición. El tema se ha mantenido confidencial y extraoficial, pero se han celebrado al menos cuatro reuniones para hablarlo. Ni PAN ni PRD han dicho “no” hasta el momento, pero el acuerdo es negar todo si se les cuestiona públicamente. El ofrecimiento de entrada para que acepte sería de incorporar sus propuestas sustanciales al Plan de Desarrollo, posiciones en el gabinete y una negociación para las elecciones de ayuntamientos y diputados locales.
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El próximo sábado 5 de agosto el secretario de Salud se casa –y en San Miguel de Allende, Guanajuato, no en el Estado de México, como la corrección política sugeriría–. Hasta parece que el ya no tan joven (35 años) César Nomar Gómez Monge esperó a que su jefe, el gobernador, se uniera en segundas nupcias para hacerlo también él. A la boda ha sido invitada buena parte de la clase política, empezando obviamente por Eruviel, Alfredo del Mazo y José Narro, entre otros.
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El que anda como la muñeca rota –llorando por los rincones– es Carlos Aguilar, a quien muy pocos, por no decir nadie, le hacen caso. Quien alguna vez se sintió intocable, e hizo y deshizo a su antojo en el gobierno de Eruviel, ahora arrastra la cobija lastimoso en el PRI, donde se le ve y se le trata como apestado.


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