Emilio Chuayffet cumplirá 66 años el próximo 3 de octubre, y su lucidez intelectual está –según dicen quienes lo frecuentan– en su mejor momento. Físicamente, son obvios los estragos del tiempo y los padecimientos recientes, pero puede decirse que está entero, al 100. Por lo que se ve y escucha, parece que está en ruta para cumplir uno de sus anhelados sueños: ser senador de la república en representación del Estado de México. La última vez que pudo serlo, se le escapó la oportunidad por su confrontación con el padre del ahora gobernador electo. Pero las cosas han cambiado –o al menos esa es la percepción– para que Emilio cumpla lo que sería su última meta política.
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La fórmula que el PRI estaría calculando para el senado estaría integrada por Carolina Monroy y Emilio Chuayffet; se escucha bien. No pasa de ser una posibilidad, pero sí se está valorando. El reto será vencer a la profesora Delfina, quien está prácticamente en campaña.
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El gobierno que iniciará en 16 días bien podría ser calificado como una versión 2.0 del peñismo, o el retorno de los Golden Boys. Parece un hecho que el secretario General de Gobierno sí será Alejandro Ozuna; Gabriel O’Shea regresa a la Secretaría de Salud; Enrique Jacob, a la Secretaría de Infraestructura; Martha Hilda González Calderón, a la Secretaría de Cultura; Carlos Jarque, a la Secretaría de Finanzas; Juan Jaffet Millán Márquez, a la Secretaría de Educación. Pero, hasta que no sean nombrados formal y oficialmente, nadie está seguro.
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Otra información de la que empieza a hablarse con algunos elementos de credibilidad y verosimilitud es la virtual salida de Luis Miranda de la Secretaría de Desarrollo Social para convertirse en candidato a diputado federal (seguramente por el principio de representación proporcional, para no exponerse a una derrota en una elección directa). Eruviel Ávila sería su relevo, para compensar sus resultados políticos, garantizar la no persecución y sacarlo de la carrera presidencial en la que insiste en participar.
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Eruviel no podía dejar su administración de peor manera: entregará la entidad que gobernó durante seis años sumergida en aguas negras. No hay ciudad que no esté inundada en el estado, tantito porque ha llovido de más, pero básicamente por la combinación de un gobierno ineficiente y una sociedad incivilizada. No deja un estado de vanguardia, un ejemplo nacional; por el contrario: es uno de los peores rostros de México.
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Lamentable para un personaje de las luces de Mauricio Valdez que en las postrimerías de su carrera política tenga que recurrir a la lisonja o al halago facilón en un muy limitado intento por mantenerse vigente. Los premios y reconocimientos –carentes de todo rigor técnico– del Instituto de Administración Pública del Estado de México (IAPEM) que recientemente entregó a su jefe, el gobernador saliente, y a una bola de malos alcaldes fue para muchos un verdadero dislate de oportunismo político.


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