Los nuevos ricos de la transformación

La columna exhibe a la nueva clase política que se enriquece bajo el discurso oficial mientras la oposición busca revivir su vieja maquinaria para las próximas elecciones
junio 16, 2026

▪ La política debería leer este estudio
▪ Los nuevos ricos de la transformación
▪ La lista del supermercado
▪ La maquinaria priista al estilo noreste
▪ Cuatro a uno

La política debería leer este estudio

La clase política mexiquense lleva años obsesionada con los candidatos, las campañas, las encuestas y las elecciones. Por eso resulta tan valioso el estudio La participación ciudadana durante los comicios para gubernatura en el Estado de México en el periodo 2011-2023, elaborado por el IEEM y El Colegio Mexiquense. Porque obliga a mirar donde casi nadie está mirando: a los ciudadanos. Su importancia no radica en los números que contiene, sino en las preguntas que plantea. ¿Por qué la mitad de los mexiquenses no vota? ¿Por qué los partidos generan tan poca confianza? ¿Por qué los jóvenes se alejan de ellos? ¿Por qué la inseguridad domina el estado de ánimo colectivo? Mientras dirigentes, operadores y estrategas siguen discutiendo cómo ganar la próxima elección, este trabajo recuerda una verdad elemental: ninguna democracia mejora repartiendo más gorras, movilizando más porras o comprando más votos. Mejora cuando entiende mejor a sus ciudadanos. Y precisamente ahí es donde la política mexiquense parece más extraviada.

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Los nuevos ricos de la transformación

Daniel Sibaja y Andrés Andrade tienen más cosas en común de las que parece. Uno fue secretario de Movilidad. El otro secretario de Seguridad. Ambos llegaron al gobierno estatal como parte de una generación que prometía romper con las viejas prácticas de la política mexicana. Y ambos terminan hoy exhibiendo un estilo de vida que provoca la misma pregunta. Las fotografías en las zonas preferentes del partido inaugural del Mundial son apenas el episodio más reciente. Antes estuvieron los signos externos de prosperidad, los privilegios, los viajes y una forma de vivir difícil de asociar con los ingresos que públicamente se conocen. El fenómeno merece una reflexión más amplia. Cada cambio político produce sus propias élites. Cada revolución genera sus propios privilegiados. Y cada burocracia termina fabricando sus nuevos ricos. Lo inquietante no es que algunos funcionarios descubran el gusto por el dinero. Lo verdaderamente preocupante es la velocidad con la que ciertos personajes pasan de representar a las clases medias a incorporarse al mundo de los privilegios. Al final, la pregunta sigue siendo la misma para ambos: ¿qué actividad económica explica una vida que parece haber prosperado mucho más rápido que las explicaciones públicas disponibles? Porque el problema nunca ha sido la riqueza. El problema siempre ha sido la riqueza que aparece antes que las respuestas.

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La lista del supermercado

Poco a poco comienza a entenderse la hiperactividad de Mexiquenses de Corazón. Durante meses sus liderazgos han hablado como si estuviera en juego el destino histórico de Morena en el Estado de México. La realidad parece bastante más terrenal. Ya salió el peine. La discusión gira alrededor de unas 30 alcaldías, cerca de 20 diputaciones locales, cinco posiciones privilegiadas en la lista plurinominal y una decena de diputaciones federales. De pronto todo cobra sentido. No era una disputa doctrinaria. Era una negociación. No era un debate sobre el rumbo del movimiento. Era una conversación sobre cargos. En política conviene observar menos los discursos y más los incentivos. Casi siempre allí aparece la verdad.

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La maquinaria priista al estilo noreste

El PRI mexiquense parece haber encontrado inspiración en Coahuila. Sus dirigentes hablan de construir una estructura electoral cercana a los 35 mil operadores para enfrentar las elecciones de 2027. Desde la lógica de la competencia política, la apuesta resulta comprensible. Las elecciones se ganan con votos, pero también con organización. El problema aparece cuando entran las matemáticas. Una maquinaria de ese tamaño exige recursos gigantescos durante meses. Si los cálculos más conservadores son correctos, el costo podría acercarse a los cuatro mil millones de pesos antes de la jornada electoral. Allí comienza la verdadera discusión. No si el modelo coahuilense funciona. Los resultados indican que sí. La pregunta es otra: ¿de dónde saldrá el dinero para financiarlo? Porque las estructuras electorales pueden movilizar personas, defender votos y ganar elecciones. Lo que no pueden hacer es pagarse solas. Y en política, cuando nadie explica el origen de los recursos, tarde o temprano alguien termina preguntando por ellos.

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Cuatro a uno

Hay una diferencia entre tener esperanza y perder contacto con la realidad. La más reciente encuesta nacional de De las Heras coloca a Morena con una ventaja cercana a cuatro a uno sobre PRI y PAN juntos. Ese dato no decide ninguna elección, pero sí ayuda a entender el tamaño del desafío que enfrenta la oposición rumbo a 2027. Por eso llama la atención la facilidad con la que algunos liderazgos opositores hablan de recuperar el Estado de México, como si la alternancia estuviera a la vuelta de la esquina. La política tiene una regla elemental: primero se construye una mayoría social y después se aspira al poder. Lo demás son discursos. Y los discursos, por sí solos, rara vez ganan elecciones.

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